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"Meditación sobre el Traslado de la Capital Federal Argentina"

Por el Licenciado Alfredo Armando Aguirre

 

Ante el anuncio de la iniciativa presidencial de trasladar la capital federal afloraron dos actitudes extremas: la de los deterministas - pesimistas que piensan o que no se va a realizar o que es una estratagema política; o que el lugar es inadecuado; o que no hay recursos para hacerlo. A lo sumo llegan a admitir que en caso de realizarse nada va a cambiar y todo seguir igual o peor.

El otro extremo del espectro en cuyas filas militamos es la de los optimistas - posibilistas. El perfil de esta actitud asume como postulado básico que el traslado de la capital es el prerrequisito de las soluciones argentinas partiendo del hecho que Buenos Aires es la neutralizadora estructural de las posibilidades argentinas.

Y así como los pesimistas - deterministas se abocaron a la tarea de degradar la iniciativa los optimistas - posibilistas venimos dedicándonos a enriquecerla. En esa dirección de enriquecimiento van las meditaciones que siguen.

Lo primero que nos parece conveniente explicitar es el arraigo histórico de la idea. Hay testimonios para afirmar que la Idea del traslado nació Junto con la patria. Y ello no es caprichoso ya que hacia 1810 las ciudades y comarcas de

"La nueva y gloriosa Nación", venían soportando la hegemonía de Buenos Aires por mas de dos siglos.

Esa hegemonía continuó incrementándose a lo largo de nuestra vida independiente y a medida que se hacia mas flagrante se incrementaban las opiniones que sustentaban el traslado como remedio a tamaña situación.

Es digno de destacar que esa corriente de opinión era nutrida desde las mas dispares posiciones ideológicas factor que da al traslado de la capital un sitio en el repertorio de las Ideas políticas argentinas.

Si bien las motivaciones para el traslado tienen varias dimensiones superpuestas e interrelacionadas las que se resumen la perentoriedad de la medida son las causales geopolíticas y de calidad de vida.

Pasaron los tiempos de los que profetizaban el peligro que corría la soberanía argentina al sur del río Colorado. Nuestra Argentina insular invadida. Nuestra Argentina marítima (la de las 200 millas) semiocupada. Nuestra Argentina antártica compartida de hecho con las superpotencias del orbe. El cuadro se completa con la proliferación de teorías que pregonan la universalización de las áreas infrapobladas con abundantes recursos energéticos y alimentarios. En otras palabras que en este eufemismo siempre hay un lugar preferencial para nuestra Patagonia.

Mas junto al vacío demográfico de nuestras tierras australes y patagónicas convive el hacinamiento de casi doce millones de compatriotas en el Área metropolitana de Buenos Aires y cuadros similares en el gran Rosario, ciudad de Córdoba, el gran Resistencia, San Miguel de Tucumán y el gran Mendoza. En esas aglomeraciones la calidad de vida esta desquiciada especialmente en el conurbano bonaerense. El sentido común viene Indicando hace ya rato que nuestros vacíos debemos llenarlos induciendo a un rápido traslado de millones de compatriota hacia el sur el mar y el frío .

Durante mucho tiempo la corriente que pensaba que con medidas descentralizantes (polos de desarrollo promoción industrial tarifas preferenciales etc.) tomadas desde Bueno Aires podía corregir los desequilibrios pudo Imponer sus criterios. Pero como las decisiones políticas ultimas seguían tomándose desde Buenos Aires ‚esta crecía en poderío, y esas medidas eran meros paliativos cuando no simulaciones.

Y todo ello porque no se quería reconocer que la burocracia porteña era un factor de poder y de desarrollo. Desde hace poco mas de cuatro siglos la burocracia colonial primero y nacional luego fue acumulando poder sobre Buenos Aires y una de las maneras mas relevantes y a menudo soslayada es que desde hace casi 5.000 meses.'. todos los fines de mes el grueso de los sueldos (y de las jubilaciones y retiros mas jugosos se perciben y se gastan en Buenos Aires. A ello habría que agregar los gastos a los proveedores y entonces podremos explicarnos que‚ implica la permanencia de la burocracia creciente en Buenos Aires y que‚ puede significar esa burocracia en la nueva capital y en los distintos asentamientos por donde se desparramen las sede de las distintas reparticiones nacionales (empresas del estado bancos oficiales nacionales y organismos autárquicos o descentralizados).

Si felizmente se concretan esos traslados vamos a comprobar como sin prisa pero sin pausa las decisiones privadas de Indole económico se encaminaran hacia los nuevos centros de decisión político - administrativo.

Mas a quienes hemos asumido desde hace tiempo la bandera del traslado nos preocupa por estos días el hacer todo lo que nos sea humanamente posible para extraer de traslado todas las posibilidades que encierra.

A tenor de ello venimos ejerciendo un derecho que invitamos también a ejercer a nuestros compatriotas y que es el de imaginar a la nueva capital de los argentinos.

Se sostiene que la ciudad es una de las creaciones mas excelsas de la cultura. Y si la cultura es la esencia de las nacionalidades la nueva ciudad capital debe ser un producto - el mas acabado - de la cultura argentina.

De allí a propugnar que la futura ciudad capital sea concebida por la inteligencia argentina y sea construida por la voluntad argentina hay un solo paso. La ciudad -capital no es una ciudad mas, es la cabeza, capita de una sociedad que busca diferenciarse del resto de las sociedades que conforman el planeta Tierra.

En un tiempo en que la noción de soberanía estatal parece diluirse y tiende a desaparecer, concebir y construir una nueva capital ha de ser una manifestación de profundo nacionalismo cultural que monitoreará el afianzamiento de la Identidad del resto de la Argentina.

La nueva capital debe ser el reflejo de la personalidad argentina de nuestro tiempo. Debe ser concebida y construida por todos los argentinos de buena voluntad que así deseen hacerlo, especialmente por los que van a ir a radicarse junto con los que ya viven en las márgenes del curso inferior del río Negro.

Esta propuesta de autoconcepción y autoconstrucción deberla ser ponderada por las autoridades, sobre todo teniendo en cuenta la situación de penuria en que se encuentra el país y de la que difícilmente se salga aun en el largo plazo.

Algún trascendido periodístico dice que la construcción de la nueva capital se financiará en parte con una línea de prestamos blandos, que organismos internacionales han destinado para descongestionar las megalópolis del planeta.

Supongamos que un imponderable ciegue esa posibilidad crediticia. ¿ Nos quedaríamos sin traslado? ¿ Por que‚ no pensar en una nueva capital hecha con lo nuestro?

Hace tiempo que nos formulamos esa pregunta, y aunque nuestra respuesta sea monográfica, ella sugiere que una respuesta colectiva reforzaría lo que nosotros postulamos.

A la nueva capital, como al nuevo país, del que ella ser su adalid, debemos hacerla bajo la premisa de la optimización creativa de lo existente.

Una prolongada lectura de la realidad argentina nos ha persuadido de que existen en nuestra sociedad y en los diversos estamentos estatales los recursos materiales, financieros, documentales, jurídicos e informáticos, así como un idóneo potencial humano, para hacer la nueva capital.

Ello requiere creatividad, participación y un sentido de gesta, de epopeya, de empresa épica. En síntesis, una alta temperatura ideal.

Esos recursos y ese potencial humano están subutilizados. Con una adecuada coordinación (en la que jugarían un papel protagónico los subutilizados recursos telemáticos y su idóneo personal) se podría demostrar que no solo se puede construir una nueva capital sino una nueva sociedad.

Tenemos un potencial humano con calificaciones que pocos países de la Tierra pueden exhibir, rayano en la proletarización intelectual. ¿ Es descabellado pensar que la nueva capital sea concebida y construida por funcionarios, estudiantes, conscriptos, presos y discapacitados? ¿Para que‚ queremos prestamos si los gastos en personal serian similares a los habituales? ¿ Alguien pondero los despliegues de las personalidades que con sus cerebros y sus brazos den fisonomía a la nueva capital?

¿Se ha dimensionado la empresa que puede ofrecerse a la juventud argentina? ¿Se ha imaginado el foro de integración nacional, emergente de la conjunción de distintos sectores de la vida argentina?

Por otra parte, el traslado sería solución, para muchos, de un problema estructural de las familias argentinas. Un alto porcentaje de los empleados públicos nacionales no son propietarios, es decir que parte de sus magros salarios los dedican a pagar las viviendas en que viven. Es conocida la restricción que presentan los planes de vivienda para los que alquilan, ya que es imposible pagar simultáneamente alquileres y cuotas de la vivienda propia. En el caso del traslado, si se arbitraran los medios (que los hay) para que los que alquilan puedan comenzar a pagar sus viviendas en el momento en que la ocupen, serian legión los que quisieran trasladarse y los costos se autofinanciarían sin recursos públicos sino con la masa que pasarían de los alquileres a las viviendas propias.

Incluso a través de los sistemas de formación profesional del CONET (Consejo Nacional de Educación Técnica) podría capacitarse a los futuros propietarios, en sus horas y lugares de trabajo, para participar en la construcción de la nueva capital. De este modo se atenuarla el lógico desarraigo que implica el traslado. Construyendo la nueva capital y sus propias casas se echarían raíces firmes.

Vamos a seguir dando testimonio para que esta deliciosa utopía se realice, porque estamos convencidos

de que cuanto mejor sea la calidad de vida de la nueva capital las decisiones que desde allí se tomen, y que por ende comprometan a la Argentina toda, abrigaran contenidos de la mejor factura.

Compatriota que me hayas leído, soy consciente de las limitaciones de todo trabajo monográfico. Y este‚ lo es, aunque vaya en el toda mi pasión argentina. Si a algo aspira es a invitar a soñar y a concretar en esa nueva capital el paradigma de la Argentina que nos merecemos. (24/4/87).

 

NOTA: Publicado En "Senderos Sureños", de General Roca, Río Negro, Argentina, en mayo de 1987 Año 1- Num.1