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Alfredo Armando Aguirre
 

 

"HACIA UN MACROTHESAURUS DE PENSADORES ARGENTINO"

Por Alfredo Armando Aguirre
choloar@rocketmail.com

 

Considero adecuado, comenzar declarando las coordenadas espacio - temporales, desde donde desenvuelvo el presente ensayo: cincuentidós años (hacia la segunda mitad de 1999) transcurridos en la banda Occidental del Río de la Plata.

A quienes hemos transitado por las universidades argentinas, en el ámbito de las Humanidades o de las ciencias del Espíritu y la Cultura, durante las décadas del sesenta y del setenta, nos ha tocado vivenciar esa propensión de hacer pasar los estudios humanísticos, por las matrices del método científico.

Soy de los que piensan, que tal adoctrinamiento, que estimo aun subsiste, aunque amenguado, es el que ha provocado un cierto retraso en el estudio de los pensadores argentinos, desde esas décadas incluidas hacia atrás.

La circunstancia que estas metodologías hipotético-deductivas, implicaran la segmentación de los conocimientos, contribuyo también al soslayo temporario de dicho bagaje cultural.

Desde mi testimonio personal, debo confesar, que por mucho tiempo, ignoraba que mi estilo de comunicación escrita, era lo que se conocía como ensayo.

Mas como suele suceder, es posible encontrar en todas las épocas, testimonios de heterodoxias.

Así, en una Conferencia, poco conocida, pronunciada por Rodolfo Kusch, en 1972, en la fundación Bariloche, éste se refería a las posibilidades que ofrecía la literatura, como herramienta para acercarse y transformar la realidad, dado que la misma trabajaba con "CODIGOS ABIERTOS"(las mayúsculas son nuestras), en contraposición a los abordajes científicos, a los que le asignaba el empleo de "CODIGOS CERRADOS"(Las mayúsculas también son nuestras).

Creo que es esta perspectiva de los "códigos abiertos", la que resulta de una estimulante fecundidad, para valorar los aportes que se han venido haciendo, no sólo en el ámbito argentino, sino en toda la América hispano-luso parlante.

Tal vez allí estriba, la "fortaleza", desde donde se puedan hacer los aportes más substantivos a la aventura humana.

Precediendo al surgimiento, a lo que por estos días conocemos como "tecnologías de la información", apareció en escena el concepto de Macrothesaurus, como herramienta adecuada para recuperación de la información. El "estado del arte", de las tecnologías mencionadas precedentemente, potencian hasta límites todavía no precisos, este concepto, y creemos que con esas herramientas, se abre una nueva oportunidad, de reestudiar y tal vez redescubrir, en forma colectiva, un bagaje, que permanece por demás ignorado.

Estando en claro que el concepto de "transdisciplinariedad", esta incluido en el de ensayo, vale consignar que propiciamos abordajes colectivos, porque los esfuerzos monográficos, con ser ponderables, nos resultan insuficientes ante semejantes volúmenes de documentación. De allí que más que propiciar un macrothesaurus, como cultores del pluralismo omnidimensional, propiciamos tantos macrothesaurus, elaborados colectivamente para "poner el valor", esos productos del acervo americano.

Y aunque no hay limites temporales, las líneas que aquí siguen están más direccionadas, a los productos desarrollados, por quienes han cerrado su ciclo vital.

Adoptamos este criterio, porque en nuestra falible opinión, estimamos que la muerte cierra la parábola creativa de cada existencia facilitando el estudio de los productos culturales, generados por cada una de ellas.

Resulta obvio consignar, que son arbitrarios, los puntos de partida de un desarrollo ideográfico. Hoy en día no es difícil concordar, que había pensamiento antes del arribo de los conquistadores europeos a estas latitudes. Los testimonios abundan, sin la intermediación de papel alguno. Análoga consideración, podemos formular para los productos culturales generados, entre ese momento de traumático encuentro de culturas y el comienzo del proceso de emancipación hacia 1810.

En Argentina, hay un amplio margen de acuerdo, en considerar a las invasiones inglesas al Río de La Plata acaecidas, entre 1806 y 1807, como el comienzo de lo que un siglo después Ricardo Rojas, llamara la "argentinidad".

Y por aquello, de Jaspers que: "en las situaciones limites, esta el comienzo de todo filosofar", podemos considerar un punto arbitrario de partida del quehacer de los pensadores argentinos, a una poesía titulada "El triunfo argentino", de 1808, cuya autoría pertenece a Vicente López y Planes. Allí se canta al triunfo de las tropas autoorganizadas desde la ciudad de Buenos Aires, frente a las tropas inglesas.

Cinco año después, la Asamblea de las Provincias Unidas, que formalizaría la pretensión argentina en constituirse en "una nueva y gloriosa Nación", aprobaría un himno compuesto por el mismo autor, que desde ese entonces viene siendo el Himno Nacional Argentino.

Desde sus inicios, los productos del acervo argentino, fueron concebidos por personas que iban protagonizando el quehacer político de la época. Va de suyo que los productos de su intelecto eran parte inescindible de su quehacer.

No tenían, ni tendrían por mucho tiempo, la oportunidad de separar la elaboración académica de las luchas políticas cotidianas. Sus escritos habitualmente fueron un arma adicional.

Y así como las poesías de Vicente López y Planes, tuvieron amplia difusión desde el principio, hubo otras elaboraciones, que por diversos motivos permanecieron ocultas, como el "Plan Revolucionario de Operaciones", atribuido a Mariano Moreno, considerado a posteriori como "el numen de la revolución de Mayo" de 1810 en Buenos Aires. Incluso aun se duda de la autenticidad de ese documento finalizado en Agosto de 1810.

Desde el comienzo del proceso emancipador 1810 hasta la Federalización de la ciudad de Buenos Aires, en 1880, los acontecimientos en lo que hoy es Argentina y las zonas limítrofes, se caracterizaron por una lucha por la preeminencia, que escaló, casi sin interrupciones en el uso de la violencia física. Así, hubo momentos que se luchaba simultáneamente contra otro país, contra otras fracciones internas y contra grupos aborígenes.

El asesinato, la ejecución sumaria, el destierro, o exilio forzado de personalidades prominentes, era cosa cotidiana.

En sus "Tablas de Sangre", Rivera Indarte, consigna los asesinatos atribuidos al régimen de Rosas, mas antes y después de Rosas, hubo otras " tablas de sangre" complementarias. Ese fue el clima, en que se desplegaba la actividad intelectual, necesariamente ligada a esos procesos agonales.

Como los protagonistas, eran pocos en una Argentina, que hacia 1869, fecha del Primer Censo Nacional, rondaba los 1.700.000 habitantes, era frecuente que aun los enemigos más enconados tuvieren trato personal, vinculaciones familiares o personales. Así, Bernardino Rivadavia se había casado con la hija de uno de los últimos virreyes españoles; el general Bartolomé Mitre fue padrino de bautismo del general Rondeau, quien registra el antecedente de haber ocupado los cargos de Director Supremo de las Provincias Unidas y Primer presidente Provisorio de la República Oriental del Uruguay.

Notablemente influidos por las ideas que venían de Europa y en menor medida de los Estados Unidos, los protagonistas utilizaban las prácticas y usos del trabajo intelectual en boga.

Así los periódicos, las memorias y los proyectos constitucionales, recogían las inquietudes de la época: Y es preferible considerar los contenidos que allí se vertían como una tarea colectiva, porque a veces los autores son no identificables.

Al estilo de los "cielitos" de Bartolomé Hidalgo, iba emergiendo una cultura de tipo popular, no muy alejada de lo erudito, que registraba los acontecimientos políticos de la época, y particularmente las hazañas guerreras.

Gracias a recopilaciones, como las realizadas por Emilio Ravignani en 1938 (y sin olvidarnos de Arturo Carranza), podemos verificar la voluntad de constitucionalizar el país en medio de la violencia.

Vale recordar que en ese periodo, las fronteras nacionales que luego se conocerían estuvieron muy desdibujadas, registrándose, aun con las limitaciones de los medio de transporte de la época, un intenso desplazamiento de protagonistas, entre los países del cono sur americano.

En ese clima, no puede continuarse en las consideraciones, sin tomar al

"Facundo. (Civilización y Barbarie)", de Sarmiento, como una suerte de punto de inflexión del pensamiento argentino.

Escrito hacia 1845, desde su exilio de Chile, y como parte de la lucha contra Rosas, casi como un libelo panfletario. Esta obra de Sarmiento, habría de perdurar en el tiempo, como un disparador para el pensamiento argentino que lo sucedería, percibiéndose aun en nuestros días sus polémicos y estimulantes ecos.

Algunos estudiosos, creen ver en una de las obras últimas de Sarmiento (que falleció en 1888) Conflicto y armonías de razas en América, una suerte de reelaboración de sus posturas. No obstante, y trascendiendo la trayectoria por demás polémica de Sarmiento, se sigue considerando a su Facundo, como un hito en el desenvolvimiento de los pensadores argentinos.

Pareciera, que la producción intelectual de Juan Bautista Alberdi, tuvo más incidencia en los círculos políticos que la de Sarmiento. Sin embargo, su influencia no aparece tan diseminada como la del sanjuanino. Siendo Sarmiento presidente argentino, habrían de aparecer dos obras, de dos autores, que como tantos habrían de ser contrincantes del autor de Facundo. También en el exilio, José Hernández, daría comienzo a la Primera Parte de su Martín Fierro, publicado en 1872, y por ese entonces su amigo el Coronel Lucio V. Mansilla, hijo de una hermana de Rosas, escribiría su Excursión a los indios ranqueles, que aunque no tendría la repercusión del Martín Fierro, dejaría el testimonio de una realidad, en un enfoque, que en un principio, sería considerado por su pintoresquismo, pero que con la perspectiva del tiempo, parece revalorizarse.

Como el Facundo, el Martín Fierro, daría lugar a incontables ensayos interpretativos. Pero a diferencia del mismo, y tal vez porque se sintieran reflejados, el canto de Hernández, caló muy hondo entre los gauchos habitantes de las pampas. Como si la corriente anímica de los cielitos de Hidalgo, encontrara un hilo conductor, que pronto se encontraría con el payador y el circo criollo.

En la fluencia vital de todo pensamiento, los hitos cronológicos suelen ser meras referencias.

Si la federalización, de la ciudad de Buenos Aires, en 1880, marcó el final, o mejor dicho la atenuación de siete décadas de violencia política.(Y lo marcó con alrededor de cuatro mil muertos y alrededor de diez mil heridos), es obvio que sea por trayectorias vitales o por anticipos de lo que vendría, es obvio reiteramos, que comenzaría un nuevo escenario de soporte para las actividades del pensar argentino. Se iniciaría, en un contexto mundial donde Inglaterra, sería la potencia hegemónica, un periodo de estabilidad institucional que habría de prolongarse hasta el golpe de estado de 1930, con el que se cerraría dicha etapa.

Las herramientas intelectuales, y las iniciativas que se habían venido postulando desde 1810, comenzaron a fructificar. Desde la ideología consagrada en el texto constitucional de 1853, los dirigentes comenzaron a intentar implementar un modelo de país, basado en un masivo aporte de capitales y de inmigración europea, al que se procuraría asimilar para el "progreso del país".

El ideario de transplante cultural, preconizado por Sarmiento y Alberdi, y compartido por los sectores dirigentes de la época, sería la nota dominante de la misma.

La recopilación de tesis de la Universidad de Buenos Aires, realizada por Candiotti, es una acabada muestra del pensamiento de esa época.

La fundación y construcción de la ciudad de La Plata, permite aun hoy, visualizar las concepciones en boga.

Publicaciones como Revista de Derecho, Historia y Letras, que dirigía Estanislao Zeballos o la del Museo de la Plata, orientada por el Perito Moreno, también reflejan las concepciones de los sectores dirigentes. El polígrafo que tomaría la posta de Alberdi y de Sarmiento habría de ser Joaquín V. González. A todos estos pensadores se atribuye estrecha relación con la masonería.

Como no podría ser de otra manera, la fluencia vital de la época, se comenzaba a enriquecer en las contradicciones. Así la masiva llegada de inmigrantes, habría de comenzar a inquietar a los pensadores que formaban parte de los sectores dirigentes. Así los gauchos, manifestaban en sus preferencias estéticas, reflejadas en los payadores y en el circo criollo, idiosincrasias muy diferentes de los europeizados intelectuales de la ciudad de Buenos Aires.

Esa realidad turbulenta, no pasaría desapercibida a los estudiosos. Así lo reflejarían, nuevas personalidades como las de Leopoldo Lugones y Ricardo Rojas. Ante la masividad de la inmigración, afloraría la cuestión de la identidad argentina, rayana en la xenofobia. Ricardo Rojas, hablaría de "argentinidad" y de "Amerindia". Lugones, publica su novela La guerra Gaucha en 1906, de la que sesenta años después, Nimio de Anquim propondría como "novela nacional", contraponiéndola al Martin Fierro.

En 1904, Alfredo Palacios, sería electo Diputado Nacional, constituyéndose en el primer diputado socialista de América

En ese comienzo y fin de siglo, Florencio Molina Campos, recogería, en sus retinas los paisajes integrales rurales, que convertiría en prolífica producción pictórica, décadas después.

En, 1908, se estrenaría, la película(film)" El fusilamiento de Dorrego", recordando aquel trágico episodio político, ocurrido a fines de 1828. Unos de los actores, era Carlos Gardel, quien tiempo después pasaría a constituirse uno de los elocutores de la cultura popular rioplatense.

Por mucho tiempo, se percibirían reverberaciones de los fastos del Centenario Argentino en 1910. Los fastos se prepararon minuciosamente, tal cual lo demuestra una ley de 1908, que describía minuciosamente los mismos.

Múltiples eventos integraron esos Festejos. Se recuerdan el Congreso Científico, el Congreso y Exposición Ferroviaria Sudamericana y las Olimpiadas Sudamericanas.

Entre las publicaciones alusivas, se recuerda Argentina y sus grandezas, del literato español Vicente Blasco Ibañez.

La profusa documentación del Centenario argentino, demuestra el clima de euforia que se vivió. Los dirigentes de la época en su inmensa mayoría eran hijos y/o nietos que quienes habían protagonizado las luchas contra los ingleses, las guerras por la emancipación, las guerras contra los caudillos, contra Brasil, contra Paraguay y contra los indios.

Pero en paralelo con esa suerte de patriciado, estaban los sectores populares, de base inmigratoria y los habitantes de las zonas rurales.

Junto la cultura formal y erudita que irradiaban las instituciones formales de las ciudades de Buenos Aires, Córdoba, Rosario y La Plata, en los arrabales de las ciudades, en los bajos fondos, en las pequeñas y medianas localizadas que se habían erigido al borde de una red ferroviaria de veloz expansión, y en las mismas comarcas rurales, seguía creciendo esa cultura espontánea que venía de los "cielitos" de Hidalgo y de las estrofas hernandianas. Cultores del arte repentista estaban esos aedas, llamados " payadores", que hacían las delicias del paisanaje, como Gabino Ezeiza y José Betinotti. Y los trashumantes circos, llevaban piezas teatrales que hacían las delicias de los sectores populares, dando lugar a lo que se conocería como el circo criollo.

El teatro también empezaría a reflejar esos dramas rurales y el impacto de la inmigración, y nacería el "sainete".

Ya para el Primer Centenario Argentino, la ley de educación común de 1884 (Número 1420), había generado una masiva alfabetización. Ello influía en la lectura de los periódicos, que desde las grandes ciudades argentinas, iban contribuyendo a una masiva elevación cultural.

Y como insinuamos más arriba, si bien la violencia política había amenguado significativamente a partir de la federalización de la ciudad de Buenos Aires, la sempiterna lucha por la preeminencia, había generado, un nuevo movimiento político: La Unión Cívica Radical, que tiene su consagración publica, en las violentas jornadas de 1890. Anecdóticamente, vale consignar que estuvieron alineados en la emergencia, quienes ocuparían con el correr del tiempo la presidencia del país: Hipolito Yrigoyen. Marcelo T de Alvear (estos dos primeros, presidentes constitucionales), Agustín P. Justo (elegido previa proscripción de la mayoría radical) y José Félix Uriburu (el primer presidente de Facto que habría en Argentina a partir de septiembre de 1930).

La Unión Cívica Radical, liderada hasta su suicidio por Leandro N. Alem, plantearía el saneamiento del régimen político, al que consideraba "falaz y descreído". Lo haría mediante la lucha armada y mediante la abstención.

Algunos de los hombres del régimen imperante (particularmente Roque Sáenz Peña), entendieron, aleccionados por la experiencia europea, a la que siempre fueros sensibles las generaciones dirigentes argentinas, entendieron, repetimos, que había que ir del sufragio público y voluntario al sufragio universal, secreto y obligatorio.

Lo consagrarían mediante ley de 1912.

Posteriores análisis, concluyen que con el sufragio universal, secreto y obligatorio, esa generación de dirigentes, que algunos llamarían "la generación del Ochenta", completaba el tríptico iniciado por la ley de educación común obligatoria antes mencionada y el Servicio Militar Obligatorio, establecido a partir de 1901, con un ensayo previo en 1896.

Ya desatada la gran Guerra, en 1916 asume la presidencia, mediante el ejercicio del sufragio secreto y obligatorio, Hipólito Yrigoyen. Sería sucedido al finalizar su mandato por Alvear, y reelecto en 1928, hasta el golpe de Estado del 6 de setiembre de 1930.

Pese a la continuidad formal de las instituciones, la llegada del partido Radical al Poder Ejecutivo Nacional, implicó un desplazamiento, de sectores, que se sentían como dueños de determinadas estructuras formales.

Abundan los casos de personas, que se sentían desplazados, por este movimiento de amplia base popular. El censo de 1914, demuestra que la mayoría de los habitantes de Buenos Aires habían nacido fuera del país. La asimilación de las masas migratorias, que sería persistente desde 1856 hasta mediados de la década del veinte, había cambiando bruscamente la fisonomía del país.

Poco antes de Asumir Yrigoyen, Lugones pronuncia su conferencia sobre "el Payador", que algunos consideran como una reivindicación de lo telúrico en el Martín Fierro, ante la "Cosmópolis", que por ese entonces asustaba a muchos intelectuales.

Lugones no podrá traspasar los círculos intelectuales y eruditos. Pero en 1917, se registraría un acontecimiento destinado a abrir un nuevo cauce expresivo en las culturas de los arrabales y las zonas rurales. Aparece la primera letra de tango. "Mi noche triste ", de Pascual Contursi.

Hasta entonces el tango, que de orígenes aun inciertos, había ganado sus lugares en los arrabales y en ambientes prostibularios, no había dado lugar a los poetas.

De allí en adelante, daría lugar a expresiones populares, que venían de los "cielitos", las canciones camperas, los payadores, y el circo criollo.

El tango subiría a los escenarios teatrales y el origen de muchos de los tangos que aun se cantan en el Río de la Plata, se encuentra en comedias musicales que primero se estrenaban en teatros de Buenos Aires o Montevideo, y luego se esparcían por el país.

Llamada a tener honda repercusión en América, se produce en 1918, lo que se conoció como la Reforma Universitaria, con epicentro en las Universidades de Córdoba y La Plata. Entre sus mentores se contaban Deodoro Roca y Saúl Alejandro Taborda, que por ese entonces publicaría sus Reflexiones sobre el ideal político de América.

La Reforma postulaba el gobierno tripartito a través de los cuales alumnos, docentes y graduados, co-gobernarían las universidades. Y también la "extensión universitaria", concepto con que se intentaba establecer un puente ente las formulaciones académicas y las necesidades concretas de la gente

Ya pensadores como Alejandro Korn y José Ingenieros, sin olvidarnos de Juan B Justo, marcaban la influencia del pensamiento socialista en la Argentina.

Y por allí entraba en las masas con sus poesías, el vate Almafuerte. Las poesías de Almafuerte (Pedro B. Palacios) como El hombre mediocre de Ingenieros, han sido de los textos más leídos por los sectores populares de la Argentina.

Así como nuevamente Lugones, con su "Hora de la espada", sé hacia eco de las ideas fascistizantes que venían de Europa. Así había pensadores como Benjamin Villafañe, que cuestionábanse La miseria en un país rico (1926), mientras que sectores militares, comenzaban a predicar ideas autárquicas, desde los salones del Círculo Militar como Luis Vicat en 1925.

Antes de que se abra e largo interregno de facto, de 1930, en 1922, se introduce la radiofonía o radiodifusión en la Argentina. Con el medio radial se abría una instancia nueva para la divulgación de la cultura, la que sería poco ponderada por los sectores tradicionales y muy aprovechada por los sectores marginados de las "instituciones" de la cultura.

Un pensador de la época, José Luis Torres, acuñó el marbete de "Década infame", para designar al período transcurrido en la Argentina, entre septiembre de 1930 y junio de 1943. Tal juicio de valor negativo, compartido por calificados sectores, ha tenido amplia difusión. Vale recordar que el 6 de septiembre de 1930, se rompe abruptamente con el sistema institucional, que mantenía una llamativa estabilidad institucional, a partir de 1862, cuando el gobierno argentino, se instala en la ciudad de Buenos Aires, luego de haber permanecido entre fines de 1852 y fines de 1861 en la ciudad de Paraná. Vale especificar, que esta primera ruptura de un sistema, que no pudo procesar las modificaciones que se introdujeran, bajo el liderazgo de Roque Sáenz Peña, tenía matices, que suelen soslayar los análisis superficiales. Así, el Poder Judicial no fue intervenido. Ni tampoco los poderes públicos de las Provincias de Entre Ríos y San Luis.

Sin olvidarnos que hay, por lo menos, correlación en el tiempo de esta quiebra institucional con la "Gran Depresión". Vale consignar que, como habría de suceder, con las otras fracturas institucionales que habrían de venir, los militares no estuvieron solos en sus cuartelazos, sino que contaron con el concurso de amplios sectores de la población y prominentes personalidades.

En el periodo 1930-1943, se registra una llamativa profusión de manifestaciones del pensamiento argentino, y si bien había una suerte de "continuum cultural " con los periodos precedentes, puede por lo menos advertirse un significativo aumento de las actividades culturales.

Además, y aunque esto suele molestar a ciertos sectores, el mismo tuvo mucho de preparatorio de lo que sucedería a partir de la revolución militar de 4 de junio de 1943, prólogo de lo que se habría de conocer como "la Nueva Argentina de Evita y de Perón".

Este periodo estuvo significado por el particular liderazgo del general Agustín P. Justo, aquel que había sido compañero de causa de Yrigoyen, Alvear y su inmediato predecesor, José Félix Uriburu (el mandatario de facto entre septiembre de 1930 y el febrero de 1932).

Justo, fue un personaje de características muy peculiares. Además de militar, era ingeniero civil, y notable bibliófilo. Durante la Primera presidencia de Yrigoyen fue director del Colegio (Academia) Militar y el presidente Alvear, lo designó su ministro de Guerra. Esto le permitió convertirse en un caudillo militar hacia 1930, y tras la disputa palaciega "primus inter pares" con Uriburu resultó victorioso.

Con Justo, se inaugura el perverso sistema de hacer funcionar las instituciones republicanas, con la previa exclusión de sectores mayoritarios considerados indeseables. Para que esto funcionara (con fraudes y proscripciones) debía contarse con apoyos, de grupos y personalidades que se beneficiarían con este sistema. Justo y sus imitadores contarían con esos apoyos.

Casi como anécdota consignamos que Carlos Gardel, grabo un tango "¡Viva la Patria!". En homenaje a esta revolución del Treinta.

No fue de extrañar que las personalidades desplazadas en 1916, aun en actividad, tomaran este periodo como una restauración.

Salvadas las cuestiones de legitimidad, y coincidente con lo que sucedía en el mundo, este periodo se caracterizó por una intensificación de la intervención gubernamental en todas las áreas de la vida argentina.

Vale consignar que Justo como presidente, suscribió alrededor de ciento treinta y nueve mil (139.000) decretos.

Como la Argentina, a partir de 1853, pero más acentuadamente desde 1880, se había construido desde iniciativas gubernamentales; ello redundaría en el potenciamiento de estructuras estatales, lo que incidiría también en la vida cultural.

La cultura erudita y la cultura popular, produjeron, un volumen de manifestaciones, que todavía no han recibido abordajes académicos integrales.

Así recordamos al Aníbal Ponce que en 1931, publicó su Sarmiento: Constructor de la nueva Argentina; al Carlos Astrada, con su Tierra y figura; al Saúl Taborda, con sus editoriales de la revista Facundo, A El hombre que esta solo y espera, de Raúl Scalabrini Ortiz. A La inquietud de esta hora, de Carlos Ibarguren. A La Nueva argentina, de Carlos Bunge; A los trabajos del filósofo tucumano Alberto Rouges. a las primeras piezas teatrales de Bernardo de Canal Feijoó. Al movimiento Sur integrado por Jorge Luis Borges. A la Historia de una pasión Argentina de Eduardo Mallea. A las obras antropológicas de José Imbelloni. Había militares intelectuales, que plasmaron sus ideas en publicaciones y conferencias como el general José María Sarobe (La Patagonia y sus Problemas) y el general Fasola Castagno. Como parte de la resistencia a las prácticas espurias del régimen imperante, surgió el grupo Fuerza Orientadora Radical de la Joven Argentina, más conocido por "Forja", que contaba entre sus adherentes al ya mencionado Scalabrini Ortiz, a Arturo Jauretche y a Homero Manzi entre otros).

La Radiografía de la Pampa, de Ezequiel Martínez Estrada es también de la época. Fue el momento de proliferación de las actividades museológicas, archivísticas y de las grandes recopilaciones, como las propiciadas por Enrique Udaondo, Ricardo Levene y José Luis Ravignani entre otros.

Este es el tiempo de los suicidios de Leopoldo Lugones y de Lisandro de la Torre.

Como señalamos más arriba, la participación gubernamental en el quehacer cotidiano fue intensa y con obvios vasos comunicantes con el quehacer artístico e intelectual de los distintos grupos y personalidades relevantes.

Así en 1933, el gobierno comienza a implementar el uso de la radiodifusión para fines educativos. Se sanciona la ley 11.723 sobre Derechos de Autor, y en 1938 se crean Radio del Estado, y la Universidad Nacional de Cuyo.

En el ámbito de la cultura popular, se percibe una intensificación y diversificación de las actividades preexistentes.

Aunque hubo un anticipo en 1931, protagonizados por Carlos Gardel y Enrique Santos Discépolo, de lo que hoy se conoce como "vídeo clip", lo cierto que al estrenarse la película (film) "Tango", en 1933, se incorporó al cinematógrafo sonoro, a los canales de la expresividad popular.

Del entrecruzamiento del cinematógrafo, la radiofonía, los discos fonográficos, las revistas especializadas de circulación masiva y las presentaciones en vivo, habría de producirse una sinergia, de un significativo impacto en la integración entre los sectores de raíz criolla y mestiza y los descendientes de la masiva inmigración europea que había finalizado su ciclo expansivo. Desde la cultura erudita hay pocos que advirtieron las consecuencias posteriores de estos fenómenos.

El deporte, introducido como una práctica selectiva por los ingleses, certificó su entrada en la fluencia vital argentina, cuando se profesionalizara el fútbol en 1931.

Mientras la Argentina oficial, auspiciaba, en 1934 el Congreso Eucarístico Internacional, episodio que a nuestro juicio marca el comienzo del reposicionamiento de la Iglesia Católica en la constelación de poderes de argentina, Enrique Santos Discépolo, estrenaba el tango, que más lo trascendería: Cambalache.

En las letras de tangos y canciones camperas, como las compuestas por Bromberg y Maciel e interpretadas por Gardel, Agustín Magaldi (los dos fallecidos durante este periodo) e Ignacio Corsini, así como en las pinturas gauchescas de Florencio Molina Campos, popularizadas, a través de calendarios o almanaques de una firma comercial, y más bien en la repercusión popular que las mismas encontraban, podemos vislumbrar los humores de ese tiempo.

El estallido de la segunda guerra mundial, polarizaría a los círculos intelectuales.

Finalizada su presidencia, y elegidos por métodos poco transparentes su sucesor, el general Justo mantenía su firme liderazgo, y cuando se preparaba para ser "electo" presidente", para el periodo 1944-1950, falleció repentinamente en el verano de 1943.

La muerte física y política de Agustín P. Justo, dejaría espacio para el "nacimiento" político de Juan Domingo Perón. Aquel que había asomado a la consideración de círculos intelectuales, con la "Toponimia Araucana", que se publicara en los años 1935 y 1936, en el "Almanaque" del ministerio de Agricultura. (Una publicación oficial masiva, que era como un libro de cabecera de los hogares rurales y que se publicó entre 1925 y 1954). Aquel que siendo agregado militar en Chile, en 1937, bautizó a Enrique Santos Discépolo como "Discepolín".

Si, para el periodo 1930/1943, apuntamos la escasez de abordajes integrales, y con algún sesgo de imparcialidad, por distintas y encontradas motivaciones, podemos opinar en forma similar, para el periodo que va del 4 de junio de 1943 a setiembre de 1955.

La polémica da para marbetes tan antagónicos como "La Nueva Argentina de Evita y de Perón", como el de "La segunda tiranía". Da para que se considere a Juan Domingo Perón o "El Primer trabajador" como " El gran responsable".

José Luis Romero calificaba al peronismo como "ideología de Estado Mayor" y Arturo Mor Roig, prominente político de la Unión Cívica Radical en la década del sesenta y posteriormente asesinado, solía afirmar que "Perón era un buen discípulo de Justo".

Va de suyo que ambos eran juicios de valor, por cierto negativos.

No obstante, convirtiéndolos en juicios de hecho, se nos antojan muy fecundos para el análisis de una época que, nos adelantamos a explicitar, forma parte de nuestros intereses académicos y políticos.

En esa perspectiva, puede columbrarse, salvadas las obvias distancias de legitimidad, una amplia gama de continuidad entre ambos periodos.

Casi heréticamente podríamos, manifestar el contrafactual, que si Justo no se moría, en materia de políticas públicas, al menos, hubiera seguido cursos de acción similares, a los adoptados en el periodo que ahora consideramos.

Mas estos márgenes de continuidad institucional, se soportaban sobre el "continuum cultural", de las expresiones de la cultura popular.

En un ensayo sobre Homero Manzi, publicado en 1987, March, consigna que la década del cuarenta (a caballo entre los dos periodos), fue la "época de oro" del tango. Sería sugerente cotejar este trabajo, con el Artículo "Diez años de filosofía en la Argentina", publicado hacia 1951, por Luis Farre, en la revista de la universidad de Buenos Aires ( En 1958, Farre publicaría su "Cincuenta años de filosofía en Argentina").

Se nos hace que respecto a esta "fluencia vital", no son ajenas, al decir de Galtung, las "Variables de base y de personalidad", de las carismáticas personalidades de Perón y de María Eva Duarte (Evita), su esposa y compañera política.

La revolución militar de 1943, y lo que sobrevendría, sería un nuevo "divorcio de aguas", tal vez más intenso, en la vida argentina, cuyas consecuencias se proyectan hasta el tiempo de concepción del presente desarrollo.

Casi perogrullesco consignar, que aquellos que se hallaban identificados con el marbete "Década infame", como opinión sobre el periodo inmediatamente precedente, vieron con simpatía esta Revolución militar. Del mismo modo el agrupamiento de voluntades que había sustentado dicha "década", se opuso desde un primer momento a la instancia que se habría. A la lucha por la preeminencia, se le agregaba el choque de cosmovisiones. No debe olvidarse que a mediados de 1943, la conflagración mundial en curso no estaba totalmente definida.

Esta época, en lo institucional distó de ser homogénea. Debe recordarse que hubo un gobierno de facto desde su comienzo hasta el 4 de junio de 1946, cuando Perón lo asumió como presidente constitucional. Ello no impidió, una continuidad, y una legitimación de las políticas publicas, que se venían llevando a cabo, también emparentadas con las proyectadas y/o puestas en marcha a escala reducida, en la "década infame". Poco se enfatiza en el papel jugado al respecto por un Consejo de Defensa Nacional creado en setiembre de 1943.

Congruente con el papel, de creciente intervención gubernamental, ella comprendió las áreas de actividad de cultura erudita y popular.

Mas la cesura abierta entre los grupos desplazados y los que se sumaron a lo que se iría conociendo como "peronismo", fue tajante, creciente e irrestañable.

Los intelectuales, vinculados al sistema formal educativo y cultural preexistente, mayoritariamente colisionaron desde el principio con el gobierno.

La circunstancia que a fines de 1943 se declarara obligatoria la enseñanza de la religión católica en las escuelas oficiales, tiene una alta carga simbólica.

Scalabrini Ortiz, Homero Manzi, Enrique Santos, Carlos Astrada, Discepolo, Hernan Benitez, Leopoldo Marechal, Nimio de Anquim, acompañaron desde el principio al fenomeno. La muerte de Manzi y Discépolo de 1951, acotaron obviamente su tiempo de actuación.

A pesar que una mayoritaria intelectualidad, procuró empañarlo, se pudo realizar el Primer Congreso Nacional de Filosofía en la ciudad de Mendoza en 1949, de repercusión internacional, y al que el gobierno, adjudicó singular importancia. De ese evento de "cultura fundamental", habría de proyectarse hacia el futuro, el mensaje de clausura que el Presidente Perón, leyera el 9 de abril de 1949.

Ese mensaje, luego titulado "La comunidad organizada", habida cuenta la inserción popular del peronismo, devino en uno de los pocos textos filosóficos, que desde entonces son leídos por los seguidores del peronismo, con una particular predisposición anímica, trascendiendo la reducida clientela habitual de este tipo de publicaciones.

Pero en el sentido de la cultura popular, a más de la optimización de los medios que se venían usando, y a la que se sumaría a partir de 1951 la televisión, impactaron más: los festejos del "Año del Libertador San Martín", en 1950, la celebración de los Primeros Juegos Deportivos Panamericanos, en 1951, y los tramos finales de la enfermedad y los funerales de Eva Perón en julio de 1952.

La oposición mayoritaria de los intelectuales fue cerril y el gobierno respondió con sevicias y excesos, que sólo el fanatismo puede ocultar.

Ello no fue óbice para que esa intelectualidad opositora, siguiera creando y estimulada tal vez por una situación agónica (aquí volvemos a recordar al Jaspers, que decía "que en las situaciones límites esta el origen del filosofar"). Así Canal Feijoó y Martínez Estrada, continuarían con su etapa más creadora. Casi en simultaneidad, con su Muerte y transfiguración del Martín Fierro, Martínez Estrada, pronuncia dos conferencias en 1947, recopiladas con el título "Las invariantes históricas del Facundo", que son un elaborado alegato antiperonista, al que emparentaba con el rosismo y con nazismo. Es el tiempo en que Federico Pinedo publicaría su voluminoso En tiempos de la República. Y se sumaba al coro opositor el comunista Codovila.

Un año antes, Justiniano Allende Posee (figura clave en la instrumentación de políticas públicas en los periodos anterior y posterior al peronismo), emitía un documento, advirtiendo sobre los efectos perniciosos que acarrearía la ejecución del entonces llamado Plan de Gobierno (1947/1951), luego rebautizado oficialmente como "Primer Plan quinquenal". (Leopoldo Marechal, simultáneamente con la publicación de su Adán BuenosAyres, fue responsable de los aspectos culturales de dicho plan). Respecto de ese plan, el periódico socialista La vanguardia, de larga trayectoria en la vida periodística partidaria argentina, decía: "Dos horas habló, Perón/ y tres más el catalán (se refería a un funcionario de ese origen)/ Para anunciarnos el plan/de la Nazificación..."

La consagración, mediante ley del Parlamento argentino, del cuerpo de ideas, conocido como doctrina Justicialista, como "Doctrina Nacional", fue vista como un síntoma más de autoritarismo por parte del peronismo. (En entrevista, muy cercana a su muerte, Marechal, reconocería su participación en esa doctrina, cuyo contenido más formalizado puede ser encontrado en un decreto del año 1954).

A esta tarea de adoctrinamiento no fue ajena la Escuela Superior Peronista, dirigida por Raúl Mendé, quien simultáneamente ocupaba el cargo de Ministro y luego Secretario de Asuntos Técnicos

Testimonios de esa actividad que discurría por carriles casi estancos, asomaba la obra mayor de un aun joven Rodolfo Kusch, en un avance de su Ciudad mestiza, de 1952, luego devenida, al año siguiente en su emblemática La seducción de la Barbarie. Análisis herético de un continente mestizo.

Ya maduro, Canal Feijoó aportaba el año 1954, Confines de Occidente. Y ese mismo año, comienza a parecer la revista Contorno, publicación que aparece como una cita clásica para los que se aventuran al estudio del clima intelectual de la época.

El abismo estaba abierto entre dos formas de cultura. Los excesos del oficialismo, abonarían el terreno de la revancha inminente.

Un agudo conflicto con la Iglesia católica, a raíz de haberse establecido el divorcio, así como proyectos de liberalización económica, que enervaron a diversos sectores, se consideran factores, del derrocamiento del gobierno peronista.

Arriesgándonos a una gruesa, tal vez muy gruesa simplificación, podríamos insinuar que así como el periodo precedente, que fue el del apogeo de lo que se conoce como ensayo, este periodo sería el del apogeo de la cultura masiva. Esa que venía del "cielito", la payada y el circo criollo, y que alcanzaría niveles de apoteosis en la sinergia entre el cine, la radio, la televisión, las revistas de difusión masiva y los espectáculos artísticos y deportivos. En todos los cuales se reflejaban las preferencias, de esas masas, que adherían visceralmente al peronismo.

En cierto modo el cantor de tangos, Alberto Castillo (el cantor de los cien barrios porteños) y el cantor de canciones folklóricas Antonio Tormo (el cantor de las cosas nuestras), ambos vivos al momento de la redacción del presente desarrollo, pueden ser considerados elocutores, de la cultura popular, de este singular momento argentino.

El golpe de estado que terminó derrocando al gobierno constitucional argentino en Setiembre de 1995, es otro de los puntos de fractura, que han afectado desde entonces el curso del acontecer posterior.

Resulta difícil condensar, en tanto marco de los aspectos sobre los que aquí enfatizamos, lo característico de aquel traumático acontecimiento. A mero título de intento, comencemos afirmando que contrariamente a lo que había sucedido en el golpe de estado de 1930 y en la revolución militar de 1943, lo que se autodenominó "Revolución Libertadora", no respeto el Poder Judicial existente. De este modo se cortó con la única instancia de continuidad de los poderes públicos existente desde 1862.

Y así como en 1943, se respetó y aun potenció, la continuidad de las manifestaciones de cultura popular preexistentes, aquí se intentó, y con algún grado de eficacia, depotenciar abruptamente toda manifestación popular, sospechada de connivencia con "el régimen depuesto" o la "segunda tiranía", que fue como el bando triunfante denominaría al peronismo.

Y así, como el periodo iniciado en 1943, excluyó al plexo de personalidades e instituciones que acompañaron y dieron una sensación de "pluralismo restringido" al periodo precedente, la "Revolución Libertadora", dio amplia cabida a los hasta entonces excluidos y aherrojados, los que ya venían enfrentado a la situación desde sus mismos inicios, y a la que se habían incorporados a su vez los radicales excluidos entre 1930 y 1943.

La intelectualidad excluida hasta setiembre de 1955, apoyó masivamente al gobierno de facto. Así: José Luis Romero ocupo el rectorado de la universidad de Buenos Aires, Jorge Luis Borges la dirección de la biblioteca Nacional, Alfredo Palacios, la embajada argentina en Montevideo, y nominalmente (debido a su estado de salud), Ricardo Rojas la embajada argentina en Perú.

Reputados juristas, como Sebastián Soler, justificaron la " revolución" (Años más tarde este mismo jurista, haría lo mismo, cuando se derrocó a Allende en Chile).

El gobierno de facto, entregó las universidades a los sectores, que hoy llamaríamos progresistas, y se crearía una extraña burbuja que vida académica, que muchos recuerdan con nostalgias, y que se prolongaría hasta una noche de 1966.

Excluidos los políticos peronistas, los demás partidos políticos dieron sus hombres para ocupar diversos cargos públicos e integraron una Junta "Consultiva", que avalo una serie de tropelías, en un tiempo donde el concepto de derechos humanos no tenía la trascendencia que existiría luego; y organizaciones como Amnesty Internacional no se conocían.

Esas tropelías, en el contexto de ruptura del Estado de Derecho; incluían: el encarcelamiento de todos aquellos dirigentes militantes peronistas, que no habían logrado exiliarse; la derogación de la Constitución legítima por una proclama militar; la convocatoria ilegal de una convención constituyente con la exclusión del peronismo; la constitución de "Comisiones Investigadoras", cuya actitud puede columbrarse de la lectura de un libro oficial titulado: El libro Negro de la Segunda tiranía; se fusilaba a los cabecillas de la rebelión militar de junio de 1956, y a título emblemático, citamos el Decreto Ley 4161 del año 1956, un detallado catálogo de violación de los derechos humanos. Paradójicamente ese año Argentina ratificada la Convención Internacional sobre el Genocidio, mientras en el campo de la cultura popular, un interventor militar, cortaba la posibilidad de obtener preseas en los juegos olímpicos que ese año se habrían de celebrar en la ciudad de Melbourne.

Esta afirmación se fundamentaba, en el papel obtenido por los deportistas argentinos, en los juegos Panamericanos de México del verano austral de 1955.

Y ello así sucedía, porque el deporte, entendido en tanto manifestación de cultura popular, debía ser objeto de sanciones ejemplificadoras.

Interin, comenzaba como en el periodo 1930/1943, un paradójico florecer de la cultura erudita. Al principio era común la aparición de libros con títulos como Ayer fue San Perón, El Culto de la Infamia, o el film Después del Silencio.

Aquel Martínez Estrada que adelantaba el emparentamiento de Rosas con Perón, que mencionáramos anteriormente, salió de su exilio "interno" para apoyar a la Revolución, terminado en el final de su vida observando con simpatía a la Revolución cubana, como lo harían también hacia el final de sus parábolas vitales, Astrada y Marechal.

Mas mencionamos a Martínez Estrada, porque a su pensamiento esta muy ligado el concepto de "Segunda Tiranía".

Como no podía ser de otra manera, la fluencia vital argentina; acelerada por las políticas públicas que reforzó exponencialmente el peronismo, siguió su rumbo, ahora, en parte, desde la clandestinidad. Entonces, el peronismo, que en el gobierno había sido relativamente poco sensible a la corriente del revisionismo histórico, respecto al periodo rosista (corriente que tiene su tibio punto de partida en las investigaciones realizadas por Salvador Saldias hacia fines del siglo anterior), comenzó a sentirse parte del mismo proceso que Rosas. El razonamiento popular fue más o menos el siguiente: "Si los gorilas (mote que los peronistas daban al gobierno de facto y sus seguidores), dicen que somos la segunda tiranía, entonces, la primera debe ser algo bueno..."

Dos intentos de volver a las instituciones del estado de Derecho, con la explícita proscripción del peronismo en 1958 y 1963, habrían de caducar cuando los gobiernos así surgidos permitieron la participación del peronismo en 1962 y 1966.

Interim, la "primavera" de la cultura erudita continuaba.

Sin embargo, el plexo de gobierno de facto y cultura erudito, obnubilado por sus persecuciones al peronismo, no advertían el significado de una perrita, orbitanto por el espacio. La "Guerra fría" entraba en una fase, que habría de tener creciente incidencia en la vida argentina, del mismo modo, pero con mayor intensidad, como lo había tenido los juegos de poder mundial desde 1810. El impacto creciente de la Guerra Fría en el acontecer argentino, es un tema todavía no suficiente analizado.

Ese acontecer, habría de constituir un componente del golpe militar de 1966.

Del clima intelectual previo, quedan testimonios como el de Sebrelli: Buenos Aires vida cotidiana y Alienación, el de José Luis De Imaz: Los que mandan; el de Jauretche, El medio pelo en la sociedad Argentina; el de Alfredo Mofatt Estrategias para sobrevivir en Buenos Aires; así como las obras de Rodolfo Kusch, De la mala vida porteña e Indios porteños y Dioses.

En la cultura popular surgirían elocutores como el cantautor: "Palito" Ortega.

Las formas de manifestación de la cultura erudita, experimentarían mutaciones. Se iban muriendo, o declinando en sus parábolas vitales, aquellas personalidades de tipo erudita, espíritus abiertos a todas las direcciones del conocimiento y empezaría el tiempo de la fragmentación y burocratización de los conocimientos, particularmente en las humanidades. Lo que Darendorph, motejaría: la "meritocracia de los certificados y los títulos". Los espíritus poliédricos, serían reemplazados por las "licenciaturas"; los ensayos, por los estudios de factibilidad. Los institutos de las Universidades y las Academias por la consultoría. Los "códigos cerrados" del método científico, comenzarían un tiempo hegemónico sobre los códigos abiertos de las humanidades...

Como que puede haber un cierto grado de arbitrariedad en los cortes temporales, podemos dar por concluida esta etapa o en 1996; o en el retorno y fallecimiento de Perón entre 1972 y 1974, o en el golpe de Estado de Marzo de 1976.

Tomando como punto de partida, cualquiera de estos puntos de corte, hay una abundancia creciente de producción del pensamiento argentino, sobre esta época caracterizada por el traumatismo extremo, particularmente elaborada a partir de la recuperación de las instituciones democráticas en Argentina hacia diciembre de 1983.

A título provisorio (invitación para desarrollo ulteriores), vamos a ir cerrando este desarrollo.

En el título del mismo aludimos a un macrothesaurus del pensamiento argentino. A vuelapluma, hemos procurado insinuar, como fruto de varias décadas de espigar en los principales repositorios de documentación publica de Argentina, localizados en la ciudad de Buenos Aires, todo un acervo documental, que sugiere la necesidad de propiciar la divulgación del mismo.

El concepto de macrothesaurus, propiciado por el sistema de las Naciones Unidas, se nos antoja una herramienta intelectual de alto potencial para propiciar su empleo en aras de la divulgación a la que propendemos. Y en función de una actitud plural, no sólo proponemos un macrothesaurus, sino tantos como conjunción de voluntades se propongan.

Lo que aquí sólo insinuamos, va acompañado de la persuasión que estamos ante una empresa que sólo es posible, si se la emprende colectivamente.

No desconocemos el valor de empresas personales como las de Diego Pro y Hugo Biagini entre otros.

Lo que aquí enunciamos, desde nuestras obvia limitaciones, se acompaña de otra convicción: la de señalar acerca la existencia de un potencial que nos posibilitara darnos cada vez más cuenta de los aportes culturales que desde estas coordenadas geográficas se han venido realizando a la aventura humana.

Finalizado, en Buenos Aires, el domingo 15 de agosto de 1999

 
© José Luis Gómez-Martínez
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