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"EL ENEMIGO DEL PUEBLO (Los intereses creados)”

Por el Lic. Alfredo Armando Aguirre

 

A modo de nota previa fechada el 24 de Mayo de 2007: La comunicación que sigue fue finalizada el 10 de mayo de 1998,con destino a ser considerada para su publicación en un periódico, donde venia colaborando honorariamente desde fines de 1977.Por motivos a mi voluntad la misma no fue publicada.

Hace pocas semanas se esta representando en un teatro de Buenos Aires, la pieza de teatro con que titulé en su momento la comunicación. Adicionalmente la misma se refería a un tema que ha cobrado actualidad.

Hago pues publico- vía el ciberespacio – la comunicación que sigue:

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Al menos en nuestro caso a medida que vamos avanzando por el camino de la vida, vamos encontrando un creciente valor en las expresiones literarias y/o teatrales, como acabadas descripciones de la condición humana.

También vamos tomando creciente conciencia, acerca que los distintos autores, utilizaron su capacidad expresiva para denunciar las recurrentes conductas de las personas en distintas situaciones históricas y/o geográficas.

Hace un tiempo, que venimos acordándonos de Larra, ese crítico de costumbres español que conociera en mi ya lejano paso por el colegio secundario.

El titulo de la presente colaboración, es el de una conocida pieza teatral del dramaturgo noruego Ibsen, y el subtítulo, también identifica a una pieza teatral del español Don Jacinto Benavente. Muchas veces vemos como en circunstancias actuales, se reiteran las situaciones tan acabadamente planteadas por los mencionados dramaturgos.

En "El enemigo del Pueblo", la trama gira alrededor de un personaje que denuncia una obra pública, como causante de contaminación ambiental, pero "los interese creados", los poderosos de la población, creen que ello les reportara beneficios y entonces lo consideran el "enemigo del Pueblo". En la pieza de Benavente, se manifiesta como cuando se "crean intereses" hasta es posible transformar en benefactor a un delincuente.

Esta página amiga, en la que he venido volcando mis inquietudes desde fines de 1977, tiene consecuentes lectores algunos de los cuales, recordaran nuestra preferencia por los temas que hacen a las obras públicas, los transportes y las comunicaciones, como herramientas del progreso de la comunidad.

Si alguien sigue nuestras predicas, aun en épocas de anormalidad institucional, recordara nuestra coherencia sobre nuestras posiciones.

Alguno recordara, nuestras primeras aproximaciones sobre el sistema de Grandes acueductos hacia marzo de 1978. Alguno recordará nuestra opinión sobre zonas francas, cuando casi nadie sabia de que se trababa, en las áreas de influencia de este medio.

Alguno quizá recuerde, que anticipamos posturas que difieren substancialmente, sobre los criterios que se han adoptado en materia de grandes acueductos, como de zonas francas.

Y aquí comienzan los dilemas, porque, nos planteamos, ante la contundente legitimidad, de ambos emprendimientos, si resulta procedente, reiterar nuestras reservas al respecto.

Considero, pues que sin perjuicio de respetar puntillosamente, decisiones tomadas en la plenitud del funcionamiento del sistema republicano representativo y federal, que el fundamento técnico del tema de los grandes acueductos y el de la zona francas, es endeble. En el caso de los grandes acueductos compromete en el largo plazo, alternativas encuadradas en conceptos como el desarrollo sostenible y sustentable y en el caso de las zonas francas, resulta incongruente con el horizonte de liberalización del comercio, como el puesto en marcha por la Organización Mundial del Comercio(OMI), y además todo el esquema de zonas francas ha merecido un tratamiento, que al generalizar el sistema, ha debilitado esos tipos de regímenes, concebidos para sortear las altas protecciones aduaneras y el fomento de zonas muy desfavorables. Se da el caso paradojal, que la única zona franca que esta en marcha es la de la Plata, que funciona como un anexo del puerto de Buenos Aires. El asombro es mayor, cuando se ha concedido a la provincia de Buenos aires, otra zona franca en Bahía Blanca, o sea se ha agregado más factores de progreso a áreas que ya tienen un alto grado de desarrollo relativo.

Formulamos estas consideraciones, antes de someterse al tratamiento pertinente en los canales legales e institucionales.

Nadie nos llamo para preguntarnos porque habíamos opinado como opinamos (Ni tampoco tenia por que hacerlo).

Y para no inmiscuirnos en las legítimas deliberaciones inherentes a la democracia de partidos políticos, nos abstuvimos de formular comunicación periodística alguna durante el periodo de deliberación, preparación y licitación de los Acueductos.

No quisimos que nos consideraran "El enemigo del Pueblo", pero algún día alguien pedirá cuentas, por ejemplo porque no se trajo agua del Paraná, que tiene en Rosario un modelo medio al menos cien veces superior, al modulo medio del río Colorado, sumando recursos hídricos a La Pampa y no restándoselos.

Creemos incluso que este cuestionamiento técnico, siquiera fue realizado por la oposición.

Lo mismo sucede con toda una política de obra pública que privilegia la construcción de caminos, soslayando todas las consecuencias negativas de índole multidimensional que viene generando el complejo caminero automotriz. Nosotros postulamos apagar los motores de combustión interna y aquí se discute legítimamente como construir más autopistas y se cree que es buena gestión de gobierno seguir pavimentado caminos.

Nos sentimos, a veces hasta desubicados con semejantes planteos, pero no son estas posiciones ocurrencias nuestras. Gracias a la telemática, vamos encontrando que existen muchas más foros académicos y técnicos que postulan posiciones parecidas a las nuestras, que los que ya conocíamos.  Y ellos también se encuentran en minoría con respecto a las opiniones que legítimamente consagran los parlamentos democráticos.

Nuevamente, y recurrentemente se plantea el problema de conciencia. No queremos convertirnos en "enemigos del pueblo" frente a "los intereses creados", mas volvemos a nuestros estudios y ellos nos indican que seria una deslealtad con nosotros mismos y con nuestros amigos, no reiterar que seguimos en nuestras posiciones. No sería la primera vez, que una voz que clama en el desierto, tenga a la larga razón en sus pronunciamientos. Tampoco seria la primera vez, que las advertencias su cumplieran mas allá de la parábola vital de aquellos que las formularon.

(Buenos Aires 10 de mayo de 1998)