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Cosmogonías murgueras bonaerenses

( A la memoria de "Chiquito " Safar, director de la comparsa "Los Cariocas", de Ensenada, allá por los 50)

Por estos días del verano austral del 2003, cuando ya uno tiene la cabeza cargada con nociones como las teorías de la complejidad, el caos, holismo, Gaia y cosa por el estilo, con lo cual asume que "todo esta interrelacionado dinámicamente con todo". Por estos días, repito, puedo sostener que el tema de las comparsas que pretendo desarrollar es una de las facetas de la cultura popular de las Argentinas, como lo vienen siendo: los "barras bravas" del fútbol, los piqueteros, los cartoneros y los bailanteros( chamame tropical, cuartetazo y cumbia villera). Por cualquiera de estas dimensiones, cultivadas por las crecientes mayorias mestizas de unas Argentinas que se latinoamericanizan aceleradamente, se tiene acceso al magma del quehacer espiritual de esas crecientes mayorías Argentinas.

Es decir que cuando me refiero a la murga o comparsa carnavalesca, de algún modo me estoy refiriendo a las otras dimensiones; aunque se podría intentar vincular la murga y la bailanta como algo cultural, al cartonero como algo socioeconómico y al piquetero como una vis política, pero eso sabe mas a categorizaciones mecanicistas, cuando aquí estamos en abordajes plásticos o seminales.

Además, como demostración que todo es autobiográfico, desarrollo estas líneas desde el soporte emocional de haber sido murguero en mi niñez. Tengo dudas si alguien vinculado a las Humanidades por estas coordenadas geográficas, puede cargar sobre su humanidad con la vivencia murguera, que como otras vivencias de la cultura popular, aveces me permiten ver las cosas bastante distintas de como las ven otros convencinos y cogeneracionales, cultores de este tipo de disciplinas.

Más en nuestro intento de escalar a lo que Luis Juan Guerrero, conceptualizaba como "el resplandor del ser puesto en obra", considero necesario hacer precisiones espaciales y temporales, para "describir nuestra aldea y ser universales".

Voy a referirme a la murga o comparsa bonaerense. Con ello baso mis opiniones en vivencias y observaciones de las murgas y comparsas carnavalescas de la ciudad de Buenos Aires, su conurbano y su hinterland de La Pampa Húmeda. Se sabe que en la Banda Oriental del Río de la Plata, y particularmente en Montevideo, las comparsas y los carnavales tienen un sesgo muy diferenciado del que aqui pretendemos describir.

Por eso que Jung, llamaba sincronías, hace muy pocos días, leí unos ensayos españoles sobre el carnaval. Esos son los milagros cotidianos del océano de diversidad de contenidos que fluye por la red.

En esos dos artículos de un mismo autor, con interesante respaldo bibliográfico, queda claro el origen europeo del carnaval, y también comparándolo con nuestras vivencias, una vez mas se comprueba aquella "fagocitación", con que al decir de Rodolfo Kusch, el pensamiento indígena y popular latinoamericano, resignificaba los aportes occidentales y los asimilaba al torrente de su cotidianidad.

Emito mi mensaje, sobre poco mas de medio siglo de vivencias carnavalescas.

El carnaval y la comparsa, formaron parte de los momentos donde se modelaba mi personalidad. Seguro que fue como máximo en el carnaval de 1953, porque luego me mudé de esa casa, desde donde viví desde que nací en 1947. Es mas puede ser antes, pues ya recuerdo los carnavales de 1951, en mi natal Ensenada de Barragán, ciudad portuaria aguas abajo de Buenos Aires en el Río de La Plata. En 1952, hasta recuerdo haber ganado el concurso de disfraz, con un traje completo de cow coy( entonces le deciamos convoy) que me había traído mi abuelo materno, marino mercante, desde Estados Unidos.

Después que terminaban por ese entonces los festejos de Navidad, Año Nuevo y reyes, las noches de verano comenzaban a llenarse con los sonidos de los bombos, los tambores y los redoblantes, de las murgas que ensayaban para el carnaval. También ensayaban sus pasos de baile, los niños y los adolescentes, que integraban las respectivas comparsas. En la esquina de mi casa ensayaba la comparsa "Los cariocas", que según lo que rezaba en sus estandartes, había sigo creada en 1935.

En otros barrio de la ciudad, hacían sus ensayos las otras grandes comparas del Ensenada entonces: "Los chicos del arrabal", y "Los bambucos".

Bueno, casi inexorablemente, mis padres me dejarían salir en la comparsa "Los cariocas" en 1956. El mundo de las comparsa era un micromundo, y dentro de ese micromundo, un personaje por demás singular era el director de la comparsa. El de "Los cariocas " por ese entonces era "Chiquito" Safar, a cuya memoria dedico este desarrollo. "Chiquito" era un típico líder comunitario( Hoy día los directores de comparsa también lo son), era bombero voluntario y se desplazaba por las calles de ensenada con un Midget, que era una suerte de remedo de lo que hoy seria un Formula 1. Recuérdese que era la época en que Fangio fuera cinco veces campeón de Fórmula 1. Bueno Chiquito era casi un reyezuelo. Nuestras madres debían seguir puntillosamente, sus indicaciones, de como confeccionar los trajes de fantasía. Porque eso si ,en una comparsa que se preciara de tal, todos salían con el mismo uniforme. En eso Chiquito era terminante....

El carnaval atrapaba gran parte del interés de los chicos de entonces y de otros no tan chicos, siempre se hablaba de las comparsas del ayer, como si el carnaval estuviese en decadencia. El corso y las comparsas de la Boca, eran el metro patrón. En ese entonces, cuando la velocidad de los cambios no tenia la aceleración de ahora, se hacían referencias a principios de siglo. Por ejemplo se hablaba de una gran comparsa que se llamaba "Unión Pelotaris". Además para rememorar el "carnaval de antaño", en una noche de carnaval de realizaba "el corso del 900"donde se evocaban esos tiempos idos. Por ejemplo para esa noche, y obviamente remontándonos a los negros, toda la comparsa se pintaba la cara con un menjunge negro.

Cabe recordar, que por esos días, todavía había pobladores negros en Ensenada. Aun hoy funciona una Sociedad Caboverdeana. Como tenia la bandera portuguesa, nosotros de niños creíamos que los portugueses eran negros...

Pasaron los años y nuestra vida y la de la Argentina, transcurrió en medio de los cataclismos que todos conocemos y padecemos. Algunos hasta le extendieron certificado de defunción al carnaval.

Pero ya esta visto, que por esa misteriosidad que alberga el alma popular, sutiles vasos comunicantes conectan el pasado con el futuro.

Hace pocos años, llegué de paseo a una pequeña localidad de la provincia de Buenos Aires, que se llama María Ignacia (Estación Vela), como era carnaval, a la noche me fui a ver el corso, y para mi sorpresa me encontré con las misma coreografía, ya estabamos en los noventa, que había disfrutado en mi niñez ensenadense. En la persistencia de los detalles, se podía apreciar, que caso omiso suelen hacerle las capas populares a las modas que los medios de comunicación masivos, le quieren endosar.

En estos tiempos, y no son ajeno a esto intentos oficiales, se viene produciendo en la ciudad de Buenos Aires, una creciente actividad murguera. Como hace medio siglo en Ensenada, al terminar las fiestas, la niñez y la juventud de los sectores mas carecientes comienzan sus ensayos. La mayoría de los integrantes de estas comparsas se nota que tiene rasgos aborígenes, son parte la masiva migración que viene del norte argentino o de los países limítrofes.

En mi barrio, Palermo Viejo , cerca de donde vivía la colectividad negra, que idolatraba a Juan Manuel Rosas que allí tenia su quinta; donde vivió Borges ( en la manzana de al lado donde vivo), pareciera que sutiles duendes conectan a los nuevos murgueros con los antiguos camdomberos.

Ya lo había percibido el año pasado, pero este año, me puse a contemplar, esta persistencia del alma popular de la Argentina grasita, morena y latinoamericana, y esta impronta, no descarta la presencia, de nietos y bisnietos de los argentinos "venidos de los barcos" aunque en menor proporción.

Y así como en María Ignacia(otra vez lo vi en Cruz Alta, sur de la provincia de Córdoba) en los noventa, ví las mismas coreografías y trajes de los cincuenta, por estos días contemplo emocionado los mismos trajes, los mismos pasos y el mismo fervor de medio siglo atrás.

Como también fuera desde el Medioevo, atento los ensayos que cite al principio, las carnavales son como una vía de escape de lo que piensan los de abajo, frente a los excesos y las frivolidades de los poderosos y ahora "ricos y famosos". El carnaval conserva su rol de crítica de costumbres.

Pero lo que mas denota las cosmogonías que soportan a los murgueros, se puede ver en las imágenes en lentejuelas, con que adorna sus trajes, confeccionado con una tela de algo parecida a la seda. Los trajes son de las mismas telas brillosas y coloridas de antaño. Las imágenes siguen siendo bordadas en lentejuelas y canutillos. Se podrá imaginar el eventual lector/lectora, el trabajo que insume bordar esas imágenes( allí esta la mano de la madre, de la tia o de la novia...).

Las imágenes en lentejuelas sobre las casacas de los murgueros, son algo así como una lienzo donde se proyectan las cosmogonías de los que los portan. Una suerte de Roscharch. Algo parecido a lo que los estudiosos de la cultura incaica, veían en la conocida figura del altar de Coricancha.

Vale la pena detenerse, con ojo de antropólogo cultural, a relevar las imágenes de esas casacas, y particularmente la de los directores de comparsa. Los niños llevan imágenes de los personajes televisivos de moda. Lo mas interesante son las de los jóvenes y adultos si distinciónde sexo.

Por ejemplo en un director de comparsa, pude ver las siguientes imágenes primorosamente bordadas: Evita, Perón, el escudo peronista, la difunta Correa( una suerte de "santa" popular), el "Negro " Olmedo , Bob Marley. Como charreteras el director tenia dos imágenes de la marca de cerveza mas popular en la Argentina, aunque últimamente la hayan comprado capitales brasileños.

Y en las casacas que voy viendo aparecen recurrentemente, las marcas de cerveza, la marcas de automóviles, Maradona, el che Guevara, el Yin/Yang, la infaltable lengua de los Rollings y los escudos del respectivo club de fútbol.

Que las murgas, forman parte del mismo plexo cultural de los barras bravas de futbol, lo indica el hecho que alguna comparsa hace su presentación con las mismas luces de bengalas con que las barras bravas festejan la salida de su equipo favorito en los estadios. Los bombos de las comparsa, son los mismos que los de las barras bravas, los peronistas y los piqueteros(muchos de los cuales tambien lo son). El otro día, un bombisto de una comparsa iba con el gorro piquetero.

Desde los inicios del presente desarrollo, hemos insinuado lo que nos proponíamos en la presente comunicación :poner una ve mas de manifiesto la corriente de inexorable latinoamericanización que atraviesa la Argentina. Corriente asaz traumática, que va impregnando la cotidianidad.

En el año que se cumple medio siglo de la aparición de la obra de Rodolfo Kusch: "La Seduccción de la barbarie: analisis heretico de un continente mestizo", cobran vigencia todas sus anticipaciones.

Pareciera como si se cierra el ciclo de occidentalización que pretendieron imponer los hombres de la llamada generación del 80, implementando las ideas de Sarmiento y de Alberdi. Para ello apelaron a una immigración masiva preponderantemente europea que llegó en el ultimo tercio del siglo XIX y el primer tercio del XX, con un adicional de menor envergadura, a poco de terminar la Segunda Guerra Mundial.

Se creyó que ello ocidentalizaba a la Argentina. Pero allá por los 40 hubo una advertencia, emblematizada el 17 de octubre de 1945. Alguien hablo de "aluvión zoológico", se contestó al estigma racista y prejuicioso con el dignificador "grasita".

Las fecundidad de las mujeres grasitas y las pautas de baja natalidad de las descendientes de los "venidos de los barcos", hizo su trabajo.

Parecido al proceso de hispanización de los Estados Unidos, Argentina se ha "latinoamericanizado" veloz y traumáticamente, ante el estupor de los descendientes de los venidos de los barcos, que casi podríamos decir se niegan a reconocer su carácter de creciente minoría cultural.

En los corso vecinales porteños, vemos a esa mayoría careciente repitiendo sus ritos populares casi ancestrales, mientras que también vemos contemplar sin entender muy bien de que se trata, a los descedientes de los venidos de los barcos, esa franja que todavía ocupa las posiciones formales de la Argentina occidentalizada, cuyos hijos hacen colas para volver al lugar de donde vinieron sus abuelos o bisabuelos.

Sobre ese trasfondo cultural, aquí monográficamente delineado, es por donde creemos ira discurriendo el acontecer en estas tierras...

24/02/03 9:25:54 a.m.