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"DEL CABOTAJE MARÍTIMO PATAGÓNICO"

Por el Licenciado Alfredo Armando AGUIRRE

Dejemos para otra oportunidad las posibilidades de navegación de los ríos patagónicos, cuyas posibilidades fueran otrora investigadas, y aun explotadas como el Servicio de Navegación Oficial del Río Negro, que iba desde Carmen de Patagones hasta la ciudad de Neuquén y viceversa hasta 1950. O las travesías de Fleiberg y el Perito Moreno sobre el río Santa Cruz.

Intentemos acercarnos a las posibilidades poco desarrolladas de la navegación marítima utilizando los puertos y las costas patagónicas.

No es ocioso consignar el siguiente dato técnico: una caballo de fuerza(H.P.) arrastra 150 kilogramos sobre el camino pavimentado; 450 kilogramos sobre el riel, y cuatro mil(4.000) kilogramos sobre el agua. De allí se coligen las ventajas económicas del transporte por agua.

Formulada la aclaración precedente, comenzare por decir que hace unos años leía en el Archivo General de la Nación, la colección del periódico "El Pueblo", de Carmen de Patagones que se editaba hacia fines del siglo pasado. A lo largo del tiempo percibía en el movimiento del puerto maragato, las entradas y salidas de una goleta de bandera sarda(de Cerdeña). De allí era fácil inferir que esa embarcación, no iba y venia hacia su país de origen, sino que se dedicaba al cabotaje, entonces intenso entre Buenos aires, Bahía Blanca y Patagones.

En 1905, se sanciono la primer Ley Nacional de Cabotaje, que reservaba ese tipo de navegación a los buques de pabellón argentino. Ya se observaba que se había dado, al respecto una interpretación restrictiva de la Constitución Nacional. Dicha norma se modifico, en el mismo sentido, 5 años después y continua vigente.

Puede interpretarse, que los navegantes de entonces, algunos afincados en Bahía Blanca( Ingeniero White), acataron la norma sin problemas y aun sus hijos. Mas luego el sistema comenzaría a languidecer lentamente .Es por ello que fracaso una iniciativa, hoy muy llamativa, hacia la década del veinte. Por entonces se intento reunir capitales para constituir una sociedad que realizara navegación comercial de cabotaje desde y hacia la Patagonia, mediante el empleo de buques a vela tipo "clipper". O sea que se tenia conciencia de las posibilidades del potencial eólico de las tierras australes. Seguramente porque por ese entonces ya estaban irrumpiendo los automotores por doquier, estimulados por un combustible abundante y artificialmente barato, la iniciativa no prospero.

Claro el tiempo paso, se produjo la crisis energética de 1973 y la tecnología se desarrollo, de tal modo que en países como Japón, se esta experimentando la navegación comercial a vela.

Cuando en 1991, se sanciono el Decreto de Desregulación Económica, existió la posibilidad de derogar la ley de Cabotaje, pero incluso algún gran diario porteño lo califico como una "barbaridad".

La oportunidad de perdió.

Sin embargo, soy de los que piensa que esa posibilidad debería reconsiderarse.

Derogándose la ley de cabotaje( al menos parcialmente hacia el sur del Río colorado), se crearía un espacio para que cualquier empresa con buques de cualquier pabellón, con buques apropiados pueda entrar y salir, sin mas restricciones que las emergentes del poder de policía, de los puertos patagonicos. Ello podría redundar en una baja substancial de los fletes, con el consecuente beneficio general.

Alguien podría contraargumentar, que eso lo pueden hacer los argentinos en el marco de la actual legislación. Ello es tan opinable como nuestra posición. La poca conciencia de los intereses marítimos en nuestra población, es algo que lamentablemente no es difícil comprobar.

Podría apostarse, que aquel extranjero, que viene a navegar nuestras costas, en el marco de un principio que aun consta en nuestra Constitución Nacional, terminaría radicándose como aquellos pioneros, previos a sancionarse la actual legislación de cabotaje.

Ademas se trataría de una inversión de riesgo y la posibilidad de incorporar tecnologías apropiadas como la navegación a vela, haciendo un empleo creativo de la energía eólica, como ya lo testimonian los molinos de la cooperativa de Comodoro, entre otros puntos de la Patagonia argentina.

Que habrá intereses creado renuentes a iniciativas como esta, ya lo he comprobado.

Pero convencido que una medida como esta puede hacer al progreso de nuestra querida patagonia Argentina, no puedo desaprovechar la oportunidad de compartirla con quienes la reciban con la misma patriótica intención con que la someto a consideración de esta pagina amiga.

(Buenos aires, 27 de Agosto)