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" ARGENTINOS - URBANOS - VETERANOS - NO JUBILADOS "

(Una franja de población en crisis) 1era.parte

Por el Lic. Alfredo Armando Aguirre

 

No es una novedad que, en esta primavera austral de 1996, las cosas se tornan muy difíciles para muchos argentinos. Aunque mal de muchos consuelo de tontos, estamos en crisis porque el planeta Tierra esta en crisis. Y aunque al que la malaria le pisa los talones, le importan mas las consecuencias que las causas; vale la pena detenerse a ver porque están como están muchos de nuestros hermanos o como podemos estar en cualquier momento otros, porque desde un diagnostico adecuado, podemos sacar consecuencias practicas para resolver nuestros problemas concretos.

Prácticamente se remonta a las épocas posteriores a la batalla de Caseros y la consecuente constitucionalización del país, que justamente como consecuencia de esa organización constitucional, los sucesivos gobiernos fueron creando instituciones para cumplir con sus obligaciones, y esa creación de instituciones redundaba en la creación de puestos de trabajos. Así iban apareciendo nombramientos de empleados de correo, de maestras, de policías, de empleados de las oficinas públicas nacionales, provinciales y municipales.

En su tesis doctoral, sobre "La Cuestión Capital de nuestro país" en 1906!!!!!!, de la Universidad de Buenos Aires, Luis Álvarez Prado, señalaba como un defecto a la "empleomanía", o sea la propensión a llenar las oficinas publicas de empleados, de dudosa utilidad. Reitero, 1906. Dos años antes, se había creado la Caja de Jubilaciones y Pensiones del Estado.

A partir de 1930, como consecuencia de la Gran Depresión (algo así como el conocido efecto tequila), comenzó a incrementarse en forma exponencial, la intervención del Estado, en diversas áreas de vida argentina. Fue, durante el gobierno pseudoconstitucional, del General Agustín P. Justo, donde se produjo un incremento substancial de las instituciones del Estado y de comienzo de la extensión de los alcances de la seguridad social. Muchas veces, se adjudica al peronismo este incremento de la intervención estatal, y en realidad, al advenimiento de la Revolución de junio 1943, el proceso de incremento de la intervención estatal acelerado (no iniciado en 1931), era muy significativo.

Como al pasar vale acotar que ya hacia 1938, la Caja Nacional de Jubilaciones del Estado, ya acusaba déficit

Desde el punto de vista de los principios, esta corriente culminó con la consagración de la intervención estatal, sobre todo en la economía, en el texto de la Constitución Nacional de 1949. Esta intervención comprendía también, las prestaciones en materia de seguridad, asistencia y previsión social, necesarias para hacer realidad los nuevos derechos que se iban consagrando en favor de los sectores mas humildes de la población

No obstante, pese a los intentos que revertir esta situación en ocasión del Congreso de la Productividad y el Bienestar Social, que tuvo lugar en el verano de 1955 y en el "rodrigazo" de 1975, llegamos con esta inercia intervencionista a mediados de 1989, donde coincidieron dos eventos: La finalización de la "Guerra Fría", simbolizada en la caída del muro de Berlín y la asunción del doctor Menem, como presidente constitucional de los argentinos.

La inercia creciente de intervención estatal había obviamente redundado en incremento de los empleados comprendidos por los presupuestos públicos, y el crecimiento de la población, había incrementado la demanda de prestaciones sociales. Una cosa era prestar servicios sociales, en épocas de bonanza económica a 17 millones de personas, y otra cosa, era hacerlo, en época de penuria económica al doble de población. Esa mezcla de abultadas plantillas de empleados públicos y de crecientes demandas de servicios sociales, en un contexto de crisis, viene resultando de alta conflictividad.

Como esa corriente de creciente intervencionismo estatal, no estuvo exenta de corruptelas (para ser suave en la expresión), las inequidades resultantes de esas corruptelas (muchas de ellas legales), en un contexto de penurias, hizo mas flagrantes las situaciones de injusticia.

Pero tal vez mas grave, que todo lo anterior, viene siendo, que una franja importante de la población, fue desarrollando su ciclo vital, en un marco cultural, donde era una pauta casi establecida, que el Estado, a través de sus diversas jurisdicciones, podía resolverle los problemas a la gente. Y esa creencia, se había arraigado, porque durante décadas, hubo mucha gente que pudo satisfacer esas expectativas. Eso, decantó en una mentalidad. Y esas mentalidades, son las que son renuentes a asimilar, un abrupto cambio de situación. Y esa falta de capacidad de respuesta, muy explicable desde la Psicología, es el principal obstáculo para capear estos tiempos críticos.

No todos viven estos tiempos de la misma manera. Hay una franja etaria: la de los argentinos de mas de cuarenta años y no jubilados o pensionados aún, asentada geográficamente en determinadas áreas, concretamente las ciudades, que es la que lleva el mayor peso de estos tiempos duros.

Son los que se habían acostumbrado a un Estado con amplio espectro de respuesta a las necesidades colectivas.

Comparando esta franja de población con los jubilados, podría decirse que la situación de ellos, pese a todo lo que se dice esta mas contenida. Tienen magras remuneraciones, pero todos los meses cobran: El PAMI, da muestras de ineficiencia, pero jubilados y pensionados nacionales, tiene cobertura de obra social. Muchos; demasiados, de la franja etaria arriba señalada, no tienen ni lo uno ni lo otro, o tienen (tenemos) perspectivas de perder su puesto de trabajo y por ende su obra social en el corto o mediano plazo.

El agobio de situaciones limite, pareciera no ser el momento mas preciso, para encontrar soluciones a esos problemas. Sin embargo, la experiencia del género humano demuestra que la necesidad aguza el ingenio.

Claro que hay que remontar décadas(en muchos casos tal vez un poco más), de formas de subsistencia cotidiana que se fueron sedimentando, anestesiando de algún modo, la consideración que uno podía rebuscárselas, de maneras alternativas. (Continúa)

 

“ARGENTINOS - URBANOS - VETERANOS - NO JUBILADOS "

(Una franja de población en crisis) 2da. Y última parte

Por el Lic. Alfredo Armando Aguirre

 

Porque de eso de trata, de percatarse que hay otras maneras de vivir. Intentando explicarlo de otra manera, hasta hace aproximadamente dos décadas, se había consolidado un patrón o parámetro de vida uniforme, que era tomado como marco de referencia para desarrollar las existencias personales. Lo que ahora, pondría en vigencia esta crisis integral, que nos agarra en los prolegómenos de nuestra tercera edad, es que hay formas alternativas de vida.

Eso, que ese parámetro homogéneo se ha roto, y que se abren nuevas posibilidades. Sin pasar más allá del terreno de la sugerencia o de la insinuación, como cuadra a un mensaje dirigido a personas adultas, habría un camino, del que apartarse, devendría en un gran costo. Ese camino es el de la educación permanente. En nuestro caso sería el de la reeducación permanente. Tal vez, valga la pena detenerse en este punto.

Y tal vez sea procedente acotar, antes de seguir, dejar en claro que este mensaje no esta dirigido a quienes puedan vivir "de rentas", aunque descuento puedan ser pocos.

En el tipo de organización económica y social, en el que creció esta camada en crisis, los mas veteranos, estaban persuadidos, que la educación era una parte de la vida. Los menos la prolongaban hasta la universidad. Más allá de los cuestionamientos, acerca de si ese sistema educativo, se adecuaba a las necesidades del país que quedó atrás. Para los tiempos que se nos vinieron encima, parece que la capacitación, el reentrenamiento laboral y sobre todo la "educación permanente”, parecen ser una ayuda insoslayable, a la hora de adaptarse a un cuadro de situaciones no previstas.

Las nuevas generaciones, ya están en claro, que el proceso educativo, acompaña todo el ciclo vital. Bueno eso, no es algo que asuma la generalidad de la franja de población en crisis que es objeto de estas líneas.

Y como se parte de situaciones de carencia. Hay que incorporarse a la corriente de la educación permanente, allí donde los costos sean mínimos, y en lo posible gratuitos. De allí, a sugerir la posibilidad de anotarse, a cursos de actividades practicas, que por suerte se están dando en todas partes, hay un solo paso.

Y aquí cabe consignar, que también aparece como adecuado, dejar los caprichos de lado. Los caprichos cuestan. Los propios y los ajenos. El tiempo del que venimos, y que no se repetirá tal vez por décadas, era un tiempo de una holgura económica, que permitía financiar caprichos. Hoy eso no es posible. Si uno analiza la estructura de sus costos cotidianos, se toma el trabajo de anotarlos, vera que hay pequeños o grandes caprichos, de los que puede prescindirse. Los caprichos andan por el lado del consumo, o por el lado de demostrar a los demás que uno puede (podía). De algún lado nuestros hijos adolescentes y no tanto tomaron, sus pautas de consumo. En el consumismo juvenil, hay una dosis significativa de caprichos. Claro que se murieron las vacas gordas, y nos quedamos con los caprichos como herencia...

Pero, a pesar de lo que se fue, todavía nos quedan: tiempo, energía, información y capacidad de decisión.

Metiéndose un poco en honduras, me permito decir que somos eso: TIEMPO, DECISIÓN, ENERGÍA E INFORMACIÓN. Esta nueva emergencia existencial, podemos abordarla haciendo (decidiendo) de modos distintos como utilizar nuestro recurso más valioso: el tiempo, dosificando de otra manera nuestras energías y aprovechando las masas de información, que están disponibles en forma gratuita.

Somos sujetos de necesidades. Necesitamos alimentarnos, vestirnos, curarnos organizarnos para convivir. Durante décadas, el trabajo en empresas o en reparticiones estatales, los sueldos a fin de mes, la obra social y la jubilación segura, formaron parte de nuestro paisaje cotidiano. Sin arriesgarnos a opinar que dejará de haber salarios, obras sociales y jubilaciones, no es aventurado compartir la hipótesis (no es nuestra) que no habrá salarios, obras sociales y jubilaciones para todos, pese a que esto constituye un derecho y un objetivo de toda sociedad que se precie de ser civilizada.

Habrá entonces, que al menos parcialmente que satisfacer las necesidades de la vida, de otros modos. Entonces, reaparece la herramienta conocida como Economía domestica u hogareña. Aquella que permitía obtener, elaborar y conservar alimentos; que permitía confeccionar y reparar vestuarios y calzados, que permitía hacer .ampliar o refaccionar nuestras viviendas. También se revalorizan conceptos como los "socorros mutuos" o la "cooperación libre", que trajeron en sus bagajes los inmigrantes que se incorporaron a la vida argentina a fines del siglo pasado y principios de este. Esos principios aun se plasman en cooperativas, mutuales, cooperadoras y clubes, y esta emergencia es una invitación a revitalizarlas.

Como se aprecia, a pesar de todo nos queda nuestra inteligencia, nuestra memoria y nuestra voluntad, en cuanto potencias superiores del alma. Si hacemos uso intensivo de nuestras inteligencias y fortalecemos nuestra participación en las instituciones de bien público, que por suerte ya existen en nuestros respectivos pueblos, los abordajes al futuro inmediato, pueden ser fructíferos.

Tal vez el programa "Pro Huerta" que desarrolla el INTA, es una señal auspiciosa. Pero las demandas son tan grandes, que superaran la acción oficial, aún en el caso que la misma alcance índices de eficiencia, mayores que los demostrados.

Voy concluyendo, estoy compartiendo con mis coetáneos, los ejercicios de imaginación, que hago, por si tuviera que pasar a las situaciones de emergencia existencial en que compruebo van entrando muchos de mis conocidos. En estas líneas recojo, sobre todos sus respuestas inadecuadas a sus situaciones y el consiguiente empeoramiento de las mismas.

Un dato adicional, reitero, que las posibilidades de mejor adaptación a este nuevo tiempo, esta en proporción inversa a la población donde se viva. Me pareciera (puedo estar equivocado) que cuando menor sea la población en la que vivamos en términos demográficos, mayores son las posibilidades de desplegar la economía doméstica y fortalecer la organización comunitaria. No quiero terminar sin añadir, son sugerencias para un adecuado empleo de nuestro valioso e irrepetible tiempo libre (Que puede incrementarse de golpe por un inesperado despido o no tanto).  Caminar mucho y leer todo lo que venga a la mano (no olvidar el recursos gratuito de nuestras bibliotecas populares).

Con creatividad, con participación y teniendo plena conciencia de las potencias que tenemos por el solo hecho de estar vivos, podremos afrontar estos tiempos durísimos y difíciles, de la manera mas saludable posible. (10 de octubre de 1996)

 

Nota: Publicado en "La Reforma", de General Pico, La Pampa, Argentina, los días 27 y 28 de octubre de 1996, Nros. 23.587 y 23.588