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DE UTENSILIOS, HERRAMIENTAS Y TECNOLOGIAS

Alfredo Armando Aguirre

Cuando alguno de los que nos honren con la lectura de este mensaje lleguen hasta el final del mismo, quizás entiendan el incentivo que al respecto indujo el reciente trabajo de Fernando Flores Morador sobre “tecnologías rotas”, que se colocara en un sito español. Debo dejar constancia que el autor ya me había adelantado otros trabajos sobre la misma temática.

Mi niñez transcurrió en una ciudad portuaria y mi familia se dedicaba al ramo de lavandería.

Las calderas, las maquinas con engranajes, las herramientas de mano y los mecánicos. Todos esos ruidos y esos olores, fueron en paisaje de mi infancia. Sabia distinguir entre una llave inglesa y una francesa. Conocía el nombre de diferentes tipos de caños. Las charrascas y las morsas. Estaban las calderas tanto en la casa de mis padres y abuelos y estaba en contacto con las locomotoras a vapor y los guinches a vapor. Entre la gente de trabajo que formaban mi mundo eran muy respetados los torneros y se reverenciaba a los maquinistas de tren, que se los suponía manejaban las locomotoras a vapor. A los barcos se les llamaba vapores, aunque ya se insinuaban los motores de combustión interna.

Los talleres mecánicos y los talleres de reparaciones navales completaban esas vivencias. En esa época se hablaba de “herramientas”.

En mis peculiares estudios secundarios, realizados en la Marina de Guerra de mi país,  aprendí a manejar “aparatos”. El sextante, el micrómetro, el anemómetro, el taxímetro, la sonda, y algun otro mas. En ese entonces no se hablaba de tecnología, y por cierto las aprendí en materias vinculadas a la guerra naval (cañones, torpedos, minas, radiogoniómetros, faxes, radares) y así, aunque a todo esto no se le denominaba tecnologías.

Por mis estudios universitarios a través de una materia que consideraban marginal (las autoridades de la facultad no yo), me refiero a la Antropología cultural, llego a mi la noción de utensilios, que en el tiempo de las herramientas no lo conocía. Por allí comenzó a asomar a través de inquietudes de algun compañero el concepto “ciencia y Técnica”

A fines de los setenta, me anoticie simultáneamente de las nociones de “tecnología apropiada” (luego me entere que también se la denominaría “tecnología adecuada”, y de la noción de CTPD (cooperación técnica entre los países en desarrollo).

 

Con el decurso del tiempo, lecturas complementarias, me hicieron percatar de autores que ya se habían percatado del tema, antes de nuestras vivencias portuarias y también posteriores. Así Hans Freyer e Ivan Ilich. Y cuando pensaba un titulo para este esbozo, me acorde que Ortega y Gasset titulo uno “Meditaciones sobre la técnica”.

Ya casi en la actualidad, y enganchado con nuestros estudios sobre las posibilidades de la tecnología de los “mas livianos que el aire. (L.T.A.), más conocidos como zeppelines yo dirigibles, me encontré con la noción de “tecnologías disruptivas”. Con ese bagaje llego a la noción que acuña Flores Morador de “tecnologías rotas”.

Entre las cosas que me suscita esa noción, esta la de la denominada “obsolescencia tecnológica”, y me parece que eso en muchos casos está ligado a manejos de los mercados de competencia imperfecta, cartelizados o monopolizados. 

Dentro del amplio campo de las tecnologías, lo que deja abiertas las consideraciones que se puedan hacer al respecto, es sabido que muchas tecnologías no fueron tan obsoletas e ineficientes, sino que no tuvieron atrás a poderosos intereses económicos que tenían otros productos sustitutos. Y en esto hay componentes políticos. Algo de eso sucedió con el reemplazo masivo de la tecnología del vapor con la de los motores de combustión interna. Y cosas similares. Por ejemplo lo que hizo la General Motors para sacar de circulación en Estados Unidos a los trolebuses y así imponer sus ómnibus. La conducta fue tipificada de monopólica por la justicia, pero cuando llego la sentencia firme, ya los trolebuses no circulaban por las ciudades norteamericanas. Sí, me refiero a la misma empresa trasnacional, cuya matriz no cierra porque el gobierno de Obama la acaba de semiestatizar.

El caso de las locomotoras a vapor demuestra hasta que punto una tecnología es o no “rota”. En una comparación con sus sustitutos (salvo relictos), la locomotora a vapor fue desplazada por las locomotoras diesel, por razones de eficiencia. Aunque no hay acuerdo generalizado sobre este reemplazo, que fue compulsivo, todo dependía del lapso de tiempo en que esa eficiencia sea medida. Así una locomotora diesel puede durar digamos 30 años y una a vapor, cambiándole los tubos a la caldera no tiene casi fin… Hace poco falleció el ingeniero argentino Livio (o Dante) Porta. El mismo había desarrollado una tecnología para las maquinas a vapor que las hacia sumamente eficientes. Claro está que para entonces ya casi se habían desmontado todas las fábricas de locomotoras a vapor.

En el caso de los zeppelines o dirigibles, es claro para el observador, sus características de “tecnología disruptiva”.Eso explica hasta algun atentado muy promocionado. El dirigible es alternativo al automotor, al avión, al tren, al barco, al helicóptero y los dirigibles geoestacionarios tienen costos irrisorios, respecto a los satélites artificiales.

Uno puede colegir pues como los “intereses creados”, se mueven alrededor de lo tecnológico.

Podríamos seguir con esto de la relativa obsolescencia tecnológica, muchas veces abroquelada bajo el concepto de “progreso”. Ese es el caso de la tracción a sangre sea humana o animal.

Aquí saltamos al aprovechamiento de tecnologías desactivadas y su rehabilitación como consecuencia del mismo desarrollo tecnológico. Ante la triple crisis global ecológica, alimentaria y energética, una parte significativa de las respuestas a las mismas es la rehabilitación de tecnologías consideradas superadas.

En frecuente que apliquemos la noción de tecnología a las máquinas y herramientas. Las tecnologías de la comunicación y la información, han hecho más patente, que lo tecnológico se extiende a lo que se ha conocido como software o logicial. Así también es tecnología un libro de recetas de cocina y el manual de organización de una empresa o agencia publica.

En el contexto de las tecnologías rotas y en conexión con algunas consideraciones precedentes, está el tema de las tecnologías de la pobreza. Recordando el Napoleón que sostenía que un ejemplo suele aclararlo todo, esta el caso de los “cartoneros argentinos”.Sus respuestas a la pobreza, van desarrollando una espontánea “ingeniería popular", que se destaca por el uso y el diseño eficiente de herramientas para optimizar la tracción a sangre humana y animal. Con ella procesan la basura y los desperdicios de los sectores urbanizados que aun tiene inserción en las estructuras formales de Argentina. Los “cartoneros”, no son nuevos, En el interior argentino ya venían ensayando sus técnicas desde hace décadas. El modelo simiesco de la sociedad industrial nunca llegó para todos, sobre todo en las pequeñas y medianas poblaciones.

Las cosas se han revertido de tal manera que hoy los cartoneros, que operan en familia, son los únicos que tienen respuesta tecnológica para desplazarse en caso de un súbito colapso energético

Este desarrollo, se va haciendo extenso, pero si llegaron hasta aquí, podrán columbrar lo motivante que me han resultado los trabajos de Flores Morador sobre “tecnologías rotas”, aunque no necesariamente haya hecho comentarios mas puntuales sobre los mismos.

Buenos Aires martes, 07 de julio de 2009