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REMINISCENCIAS DE SOLANO Y ALREDEDORES A FINES DE LOS CINCUENTA.

Por Alfredo Armando  AGUIRRE   http://choloar.tripod.com/choloar.html

A MODO DE NOTA PREVIA: comunicación elaborada a instancia de Eduardo Francisco Coiro para el emprendimiento que conduce ,  “Inventiva Social” .colocado en el ciberespacio  el 7 de marzo de 2008

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Con el paso de los años, los recuerdos cobran nuevas dimensiones. Sea por las experiencias; sea por las meditaciones de tiempos idos. Sea por los estudios sistemáticos o asistemáticos que uno ha venido haciendo.

Pocos días atrás el aparcero Coiro reflejaba en Inventiva, su testimonio de San Francisco Solano de cuatro años atrás. La nota me “pegó” en mi sensibilidad, porque hacia pocos días que había pasado por Solano y, recordado cuando solía pasar por allí a fines de los cincuentas rumbo a la casa de mi abuelo materno en Monte Chingolo.  Entonces mis recuerdos se emparentaron con lo de los veteranos(o sea mis coetáneos) que escribe Coiro. De tiempos que para lo que pasamos los cincuenta tienen un sabor a “edad dorada”, al que las miserias multidimensionales posteriores contribuyen a afianzar, aunque se nos quiera atajar con aquello que para los viejos “todo tiempo pasado fue mejor"

No es fácil separar como sentía uno esas cosas otrora, de cómo las siente con la perspectiva del tiempo. Hay incluso hasta un conflicto interno, porque sabemos que más de uno o una la vende cambiada, o la va alterando de acuerdo a sus conveniencias. No es infrecuente que cuando uno hace preguntas sobre el pasado a gente que supone tuvo algo de protagonistas, el deponente termine diciendo que la historia fue como fue gracias a su imprescindible intervención.”Pateticas miserabilidades” les decía don Hipólito. Además esta el hecho, que uno no puede andar consignando en un diario íntimo todo lo que piensa o dice. Y no puede andar con un escribano al lado, dando fe publica de lo que uno dice o hace. Por supuesto que esto relativiza mucho la historia y que me caen la generales de la ley, para lo que pase a decir.

Pero el asunto es que hacia fines de los cincuenta, - ya Frondizi era presidente- viajaba con bastante frecuencia entre Ensenada, donde vivía con mis padres y hermanas, y Monte Chingolo donde vivía mi abuelo materno con su familia. Para ello tenia que ir hasta La Plata, tomando dos colectivos, para tomar el tren en la estación del “Provincial”.Creo que todos los chicos de esos tiempos teníamos un rollo especial por los trenes. Los trenes a cuerda eran uno de los juguetes preferidos de esos tiempos. Tenía ya asimilada la estación del Ferrocarril Nacional General Roca, a la que mis padres o mi abuela materna me llevaban con mucha frecuencia. Pero aquella estación del Provincial me parecía algo misterioso. Tiempo después me enteré que así la llamaban porque había pertenecido al ferrocarril de la Provincia de Buenos Aires, que siempre fue del Estado, aunque provincial hasta 1951,cuando aprovechando la caída en desgracia del gobernador Mercante, el Estado nacional lo pasó a su orbita.

Buenos, desde aquella estación tomaba un tren que llegaba hasta la estación Avellaneda, esa que se ve desde arriba del viaducto Sarandi. Una construcción de tipo colonial, hoy sede del museo ferroviaria provincial, que había sido inauguraba a mediados de los años 30, como ese ramal que conectaba con el hoy desparecido mercado de lanas y daba acceso a este ferrocarril al puerto de Buenos Aires.

Ya no me acuerdo si las maquinas eran a vapor o diesel, pero si me acuerdo que de vez en cuando se cruzaban en las estaciones, era de una sola vía, con una especie de coches motores de un solo vagón color rojo. Píensese que yo era un chico de entre 10 y 11 años que viajaba sólo. Los vagones de madera eran muy antiguos, los mismos que hasta fines de 1976, cuando el servicio fue desactivado,  y luego los rieles levantados. Me acuerdo que tenían los vidrios biselados con el logo del ferrocarril provincial, todo ello confeccionado por los Talleres propios del ferrocarril, de los que luego se apropió el ferrocarril Belgrano y hace pocos años fueron privatizados.

Me entretenía en los viajes, contando las estaciones. Todavía las recuerdo: Gambier, Segui, Gorina, El Pato, Ingeniero Allan, Gobernador Monteverde, San Francisco Solano, Parada Pasco, Monte Chingolo y Avellaneda. Me puedo olvidar o confundir alguna. Me acuerdo que era casi toda zona rural desde Seguí o Gorina hasta Ingeniero Allan. Allan estaba atrás de la rotonda Alpargatas y allí estaban haciendo los grande loteos de La Carolina, con sus tradicionales para entonces carteles rojos con letras blancas, que caracterizaban a las compañías que remataban los lotes del conurbano (Boracchia, Vinelli, etc...). Luego acercándose a Monteverde, a pocas cuadras del actual centro de Florencio Varela comenzaban los caseríos. Todas calles de tierra, eran casitas humildes, pero no villas. Y se pasaba por Solano, que tenia entonces fama de ser un lugar “pesado”. Entre los chicos se decía que "El halcón", o sea la línea 148, de colores amarillo y verde que hacia o hace el recorrido Varela-Constitución, había puesto un ramal a Solano, pero que ese ramal no entraba cuando caía el sol, por los asaltos. Eso no se si era cierto o si era parte de una leyenda suburbana, porque la escuché décadas después en los barrios de San Miguel.

La parada Pasco, estaba junto en el cruce con el Camino de Cintura. Yendo para Avellaneda a la derecha, se erigían los inmensos galpones del IAPI, que llamaban mi atención por cu cantidad y tamaño.  Ya entrando n la adultez aprendí que el IAPI (Instituto Argentino para la Promoción del intercambio), fue uno de los más poderosos instrumentos de soberanía económica con que contó el país, ya que tenía el monopolio estatal del comercio exterior e interior. Había sido creado a fines de mayo de 1946, sobre la base de una institución similar creada cinco años antes y fue disuelta en octubre de 1955, en el breve interregno del dictador golpista Lonardi. El predio, ya devenido en un arsenal del ejército, se hizo famoso por el intento de copamiento de la guerrilla en diciembre de 1975, y la sigla la ha adoptado la villa que se erigió con posterioridad. La cuestión es que a medida que el ramal se acercaba a Avellaneda partir de Pasco, corría casi encajonado por las industrias que por allí proliferaban. Nunca olvidare ni los olores ni los ruidos de las maquinarias. Y era muy común no caminar entre basura, sino entre sobrantes de viruta de hierro o recortes de chapa de lo que producían los talleres, alli donde todavía pasaban los tranvías eléctricos y los carros tirados por caballo, con las cargas mas varias. Por ese entonces llegue a ver por la zona un carro de carnicero. Me acuerdo de otra vez que llovía, y allí los barrios eran de calles de tierra. Los Municipios o las sociedades de Fomento construyan canillas públicas y veredas con baldosones de cemento. Una tarde después de la lluvia, vi una novia que caminó algunas cuadras con su traje blanco recogido para no embarrarlo, porque el coche que la llevaría hasta a iglesia, sólo llegaba hasta el asfalto.

Las viviendas eran humildes pero todos la iban mejorando. Tal vez empezaban por una prefabricada de madera, pero enseguida aparecían los ladrillos. Y entre ellas se iban erigiendo las fábricas. Recuerdo cuando los Di Tella montaron la fabrica donde se hicieron lo míticos Siam Di Tella 1500, y los menos recordados Magnette¸ la pick up Argenta, y hasta se intento fabricar un camión pesado Tornicroft. Con el análisis luego entendimos que toda esa euforia económica, que capitalizaba Frondizi, con su régimen de industria automotriz a la postre ruinoso para el país, era nada mas que la inercia del sistema puesto en marcha entre 1943 y 1955, y que entonces no se advertía que se estaba comenzando lentamente  a desmontar. Recuerdo que una vez un puntero frondicista, organizó en el barrio una excursión a Luján y claro los vecinos no hacían disquisiciones ideológicas paseaban y se divertían. A veces los militantes, que cuando optan por la disidencia pasan por situaciones de penuria y hasta dan la vida por sus idearios, suelen soslayar, la vida cotidiana de la gente. En ese entonces todo parecía una fiesta. Ese tren iba atiborrado de gente que iba a trabajar a las fábricas, lo mismo los tranvías y ya empezaban a circular por allí, las extensiones de las líneas de colectivos que también iban llenos. No se cuanto de cierto tiene la actual pregonada inseguridad del conurbano, pero yo niño andaba de un lugar a otro. Un día de andariego que era y sigo siendo, me fui caminando desde la casa de mi abuelo en Chingolo hasta la cancha de Banfield    (debe ser uno de los pocos partidos de fútbol de una división mas o menos superior que vi en mi vida, exceptuado la campaña de Defensores de Cambaceres de 1959(campeón de la primera C por añadidura); que vi todos los partidos de local, porque mis viejos no me dejaban ir a las de visitante. Bueno, no se cuanta distancia, había, Recuerdo que caminé mucho, vi la fabrica Di Tella por el camino, eran sitios que estaban dejando de ser campo para ser ocupados por las construcciones del tipo que comenté antes. Jugaban el local con Dock Sud, me acuerdo del arquero y los dos zagueros de Banfield: Cozzi, Mousegne y Vendazzi. Mirando las estadísticas de fútbol, uno pude inferir en que fecha hice la travesía.

Se mezclan como dije antes los recuerdos con lo conocido con posterioridad. Así, hace algunos años, tome como libro de consulta una historia del la ingeniería argentina que el Ingeniero Vaquer, escribió en 1962, pero Eudeba publicó en 1968. Vaquer que hace fe de su antiperonismo, usó su precisión ingenieril para registrar lo que había pasado en la industria argentina. Y de la información que consigna, y tomando como comparación el sí libro de propaganda peronista de "Emancipación Económica Americana” de Warren, publicado y profusamente difundido en 1948; podemos inferir porque aquella bulliciosa actividad, y porque hay tanta añoranza en aquellos barrios que de ser albergues de esperanzados trabajadores migrados del interior, pasaron a ser contenedores que quienes alteran la changa, el cartoneo, el piquete, y a veces en la desesperación en que se los sumió, y desde la que se los manipula; con el choreo y la droga berreta..

Buenos Aires, 06/03/2008 8:46:44