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HACIA LA GLOBALIZACION/MUNDIALIZACION DE “BAJO CARBONO”

 

Por Alfredo Armando Aguirre

 

 

Redacto esta comunicación en las vísperas de la reunión de Copenhague sobre la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. La intención de la misma es dar alguna información de contexto, así como comentarios de nuestra cosecha, para ir procesando en caso de interesar,   la catarata de información que al respecto ya comienza a circular por los medios de comunicación.

Si tomamos como un punto de arranque, la Conferencia de Medio Ambiente de Estocolmo de 1972, y teniendo en cuenta al menos el acontecer de la Humanidad desde la fundación de Roma, podemos asumir que estamos ante un abrupto cambio del estado de cosas con el que se habían acostumbrado a desenvolverse las personas que actualmente transitan por las etapas de adultez o ancianidad en el Planeta Tierra.

La Conferencia de Estocolmo, fue el primer reconocimiento que el modo de producción impuesto por la cultura euro americana a partir de la “Revolución industrial Inglesa”, de 1760 empezaba a ser inviable.

Debe recordarse que esa Conferencia fue acompañada por documentos como el Informe Meadows sobre “los límites del Crecimiento”; la hipótesis “Gaia” de Lovelock, y el Mensaje a los Gobiernos y Pueblos del Mundo” de Juan Domingo Perón. Asimismo se recuerdan de esa época los trabajos de Ivan Ilich, Brice Lalonde y Schumacher, entre otros.

Cabe recordar que al año siguiente de Estocolmo, se liberaron la cotización del petróleo, así como la del oro. Esos eventos  reforzaban el pronunciamiento de Estocolmo, aunque en su momento no fueron relacionados de forma que tuvieran amplia difusión

La Eco 92, a 20 años de Estocolmo, estuvo precedida por Informe Brundtland, como por la creación del Panel de Expertos de las Naciones Unidas en Cambio Climático. La Eco 92, que culminó en Río de Janeiro, generó una suerte de constitución del nuevo orden ambiental planetario conocido como “Agenda XXI”,con  por lo menos veintidós (22) apartados, cada uno correspondiente a una Convención para abordar los problemas ambientales y energéticos, que ya se asumían vinculados con las carencias alimentarias(Recordamos la “carta de Macchu Pichu de 1977).

Uno de los componentes de la Agenda XXI, es la Convención sobre Cambio Climático, que intentó hacerse operativa a través del Protocolo de Kyoto de 1997, que es precisamente, el que debe actualizarse en esta reunión a realizarse en la capital danesa.

Si recordamos que precedida por la “Perestroika”, concluyó abruptamente la experiencia de lo que algunos denominan como el “socialismo real”, lo que dio lugar al final de la confrontación como “Guerra fría”; todo ello comportó un realineamiento del esquema de relaciones internacionales, a partir del fortalecimiento del llamado Grupo de los 7, y el fortalecimiento del sistema de las Naciones Unidas, puesto en marcha en 1945, pero neutralizado por el desenvolvimiento de la “Guerra Fría”.

En la ultima década, el Grupo de los 7(luego devenido en Grupo de los 8, y en actual curso de ampliación), se convirtió en el referente del tratamiento de las situaciones ya globalizadas, con directa repercusión en las Naciones Unidas. Estas situaciones de suyo incluían los temas ambientales, energéticos y alimentarios.

Como no podía ser de otra manera, aun tratándose, de gobiernos electos  surgidos de los mecanismos propios de la democracia representativa, fueron emergiendo otras opiniones, por cierto encontradas, respecto de los abordajes dados por el Grupo de los 8 ( en trance de ampliación). Se toma como punto de esta partida a las manifestaciones de Seattle en 1999, aunque ya en la Eco 92, se comenzaba a percibir que en paralelo a cada cimera de líderes gubernamentales, se producía una “contra cimera” en paralelo.

Y es lo que sucederá deliberadamente en Copenhague.

La crisis financiera de 2008 con epicentro en Wall Street, es a juicio de muchos (entre los que nos incluimos) tan solo una repercusión de la triple crisis energética, ambiental y global. En la ultima cimera de L' Aquila, que tuvo lugar en julio de este año 2009, asomó un concepto, que resume, al menos provisoriamente, el escenario futuro para el acontecer planetario: En L' Aquila se enuncio el concepto de “Low carbon societies”. No esta claro que traducción de aceptación generalizada se le dará a este concepto, que por nuestra parte traducimos como sociedades de “Bajo contenido de carbono”.

Puede asumirse que el planeta debe transitar hacia comunidades o sociedades de “Bajo contenido de carbono”. Y todo indica que este transito será traumático, atento las discrepancias ideológicas con necesarias proyecciones concretas que se desatan, sobre cuales son los caminos o metodologías para transitar hacia ese futuro.

Se intenta reducir la controversia ideológica, con el plausible argumento que estamos ante una cuestión de subsistencia. Gana terreno la idea con soporte científico, acerca que la vida en el planeta, comienza a estar en riesgo con contenidos superiores a las 350 (tres ciento cincuenta) partes por millón de dióxido de carbono, en la atmósfera. Las mediciones indican que ya se ha superado ese guarismo. Y técnicamente aparecen dos vías complementarias. Dejar de emitir dióxido de carbono, y “secuestrar” y almacenar el ya existente.

La minimización de este componente, que es letal para toda forma de vida, supone una transformación del modelo productivo impuesto por la civilización euro americana desde aproximadamente 1760. Para columbrar la dimensión de estos cambios, ello , por ejemplo, implicaría que dejen de circular la inmensa mayoría de los 600 millones de vehículos existentes impulsados por motores de combustión interna (Tan solo en Argentina circulan ocho millones de ese tipo de vehículos).

Pero el dramatismo de la situación no se circunscribe a esa cuestión de suyo de peso, sino que se detecta, una capacidad de producción alimentaria, inferior a la población del planeta. Y lo ambiental se entrelaza con los aspectos energéticos y alimentarios.

Por todo ello no es de extrañar las propuestas prácticas y las experiencias a escala reducida, que se van conociendo gracias al poder de diseminación que evidencias las tecnologías de la comunicación y la información. Esas informaciones, son las que en algun modo nos ahorran de seguir aportando datos. Tal vez nos preocupe, que mucha de esa información no circula o no se genera en idioma español, sino en ingles. No obstante el impacto que tendrá esta próxima reunión de Copenhague, contribuirá a que más gente tome conciencia de la gravedad de la situación.

A medida que transcurre el tiempo, nadie puede quedar fuera del alcance de las consecuencias de esta situación planetaria, que se pone por encima de las fronteras nacionales.

Podrán discutirse los caminos y las vías, pero las sociedades de “bajo carbono”, parecen como un escenario inexorable. Si no se articulan respuestas locales, se impondrán las recetas globales generadas desde foros como el G 8 ampliado. Además debiera ponderarse que aun antes de 1992, los países a través de sus respectivos parlamentos han venido ratificando, las convenciones referidas a estos temas. En Argentina así ha sucedido y la temática incluso formo parte de la Convención Constituyente de 1994.

Aunque Argentina haya sido pionera en estas cuestiones, tal como se demuestra con la creación de la Secretaria de Recursos Naturales y Medio ambiente en mayo de 1973, pareciera que como en otros puntos del planeta, los “intereses creados”, combinados con las pautas de consumo preexistentes en la población, se las han ingeniado para retrasar los drásticos cambios de conducta, necesarios para procurar una alta calidad de vida.

Todo pareciera indicar, que los plazos se están acortando, y quienes como en nuestro caso, venimos estudiando la cuestión desde hace tiempo, no podemos menos que advertir, a quienes lean mensajes como este que estamos finalizando, acerca de esta emergencia perentoria  que ha de vivenciarse crecientemente en nuestras respectivas cotidianidades.

Buenos Aires, 27 de noviembre de 2009