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MEDITACION SOBRE CARLOS BEGUERIE

Por Alfredo Armando Aguirre

 

 

La sugerencia de redactar algunas líneas sobre el Ferrocarril Provincial y sobre la población Carlos Beguerie, actúa en nosotros como disparador para reflexionar acerca de un peculiar momento del acontecer argentino. De esa manera tendremos el marco contextual para llegar al presente del asentamiento humano escogido, cuyo origen y desarrollo inicial estuvo ligado al proyecto, tendido, funcionamiento y desactivación del Ferrocarril de la Provincia de Buenos Aires.

Puesto a escribir una suerte de historia de Carlos Beguerie, yo me orientaría a espigar en las páginas del diario “El Día” de la ciudad de La Plata, en la provincia de Buenos Aires.

Ello obedece, porque mi primer contacto con el nombre Carlos Beguerie, viene de mi niñez, cuando viviendo en la Ensenada de Barragán, solía ver en ese diario, noticias de esa población, junto con las de Pipinas, Julio Arditi, Monte Veloz, todas del área influencia de ese diario platense.

Luego, en el deslumbramiento que me provocaba abordar desde la Estación La Plata del Ferrocarril Provincial el tren a Monte Chingolo, aparecía el nombre Carlos Beguerie en el cartel de anuncio de los destinos que llegaban los trenes que de allí partían.

En mis estudios sobre el acontecer ferroviario argentino, siempre hubo un rincón emocional preferencial para los ferrocarriles de trocha angosta de la Provincia de Buenos Aires y particularmente para lo que fuera el Ferrocarril Provincial, cuyas últimas formaciones de pasajeros corrieron en el ramal Avellaneda La Plata hasta aproximadamente 1976. Los ramales de pasajeros que llegaban a Maria Pampa y a Olavaria no corrían ya para el año 1962, siendo las primeras victimas del malhadado Plan Larkin, que presentado en febrero de 1962, resultaría el esquema director del casi irreversible “Ferrocidio” argentino, cuyo daño aun no ha sido debidamente ponderado.

Sería insincero, no consignar que ya los ramales del Provincial habían sido incluidos en propuestas de levantamientos de ramales previas al nefasto Larkin y que la “nacionalización del mismo, operada en 1951, aprovechando la perdida de influencia política del gobernador Mercante, eran síntomas de la depotenciación de  las posibilidades del Provincial

Pero vamos al principio. Porque siempre hay un principio.

Remontémonos a 1880,cuando finalizada la “Campaña al Desierto” u “Ocupación del Territorio Indígena”, según la perspectiva que se adopte ;y producida por la fuerza de las armas la “Federalización “ de Buenos Aires, se inicia un peculiar momento en el devenir argentino, cuyas consecuencias se proyectan a nuestro presente y estimamos que también sobre nuestro porvenir.

El hilo conductor de ese momento, estrechamente ligado a Gran Bretaña, en tanto potencia hegemónica de la época, fueron el ferrocarril, y su entonces desapercibido aliado el telégrafo. Consignar que la red  ferroviaria argentina, trepo de los 2.500 kilómetros en 1880 a los 33.000 kilómetros en 1913, uno año después de la fundación de Carlos Beguerie, da una idea de la magnitud de los cambios operados.

Pero en ese lapso de tiempo, las cosas eran diferentes si un asentamiento humano era creado al principio del periodo, que si lo era como el caso bajo análisis en las postrimerías del mismo. Lo mismo si el asentamiento se erigía junto a un ramal de trocha ancha (1,76), o normal (1,43), que si lo era a la vera de un ramal de trocha angosta (1,00).

Esto quiere decir que las primeras fundaciones en el tiempo, tuvieron mas tiempo para desplegar sus posibilidades; y que los asentamientos erigidos a la vera de la trocha ancha, que era un indicador de mayores potenciales de tráfico de cargas y pasajeros, tenián mayores posibilidades de progreso que los asentados junto a la trocha angosta

En 1914, estallaría La Gran Guerra, o Primera Guerra Mundial y con ese estallido, se cerraría este momento argentino iniciado en 1914, aunque sus protagonistas no lo advirtieran, por la inercia previa, y en ese evento mundial, estaría el comienzo del fin del marco en que florecieron emprendimientos pioneros como Carlos Beguerie, con la desventaja adicional de estar servido por un ramal de trocha  angosta.

Situemos nuestra imaginación en el comienzo del Siglo XX. Los campos donde se iría a asentar Beguerie, estaban situados en un triangulo imaginario cuyos vértices son Lobos, Monte y Saladillo. Lobos y Monte databan de las líneas de defensa montadas por el Virreinato hacia 1779. Saladillo se basaba en un fortín de la época del Restaurador de 1839. El ferrocarril de trocha ancha, ya pasaba tanto por Monte y Lobos, operado por los ferrocarriles de empresas inglesas. Esto implicaba que se trataba de heredades que ya habían sido “cristianizadas” desde tiempo atrás.

En 1907, las Provincia de Buenos Aires decide retomar la política de construir y administrar ferrocarriles, que había abandonado en 1892, con la experiencia del Ferrocarril Oeste. Y así la Legislatura aprueba la ley que crea el Ferrocarril de la Provincia, y determina el esquema de ramales a construir. El texto de la ley permite inferir, que quedo inconcluso el ramal que desde la altura de Monte llegaría hasta Mar del Plata.

Estas eran épocas donde las palabras progreso, y civilización se mezclaban con la especulación y las tribulaciones políticas. Los trazados ferroviarios no eran operaciones asépticas. Es de imaginar que los valores de los campos oscilaban en función de su cercanía a un ramal y mucho más por la cercanía a una estación. Hay testimonios de curiosos trazados para favorecer los campos de personajes encumbrados del momento. Pero claro está que había algunos parámetros técnicos que no se podían soslayar totalmente, sea vía la distancia entre estaciones, sea por los condicionamientos topográficos.

Así que un campo resultaría el lugar escogido para una separación de ramales o un cruce de ferrocarriles, era una suerte de bendición para el propietario o los propietarios de los campos respectivos. Y esto en un contexto del capitalismo tipo “belle epoque”, que por un lado daba lugar a los desbordes especulativos, pero también daba pabilo a las actitudes pioneras. Así un especulador como Deferrari, negaba a las empresas ferroviarias la venta de tierras aledañas, a la espera de que los valores subieren. Así pioneros como Carlos Beguerie (Y no era el único), encontraban en la instalación de una diversificación de ramales en un campo de su propiedad, una inmejorable ocasión para erigir un emporio.

Tratándose de la depresión del  río Salado, resulta evidente que era casi insoslayable esa localización. Restaría por determinar mediante una averiguación catastral cuando se produjo la compra de Beguerie de esos campos, para aventar algún atisbo de especulación. Y aun en el caso que la hubiera, eso se inserta en el espíritu mercantilista de la época.

En la calle principal de Roque Pérez, distante 18 kilómetros de Beguerie, muy cerca del club principal, hay un busto de un senador provincial, como reconocimiento a la autoría de la ley que creo el Partido de Roque Pérez, separándolo del de Lobos. Como la ley de creación del partido de Roque Pérez, es casi coincidente con la llegada del Ferrocarril Provincial y consecuente fundación de Carlos Beguerie, es posible hipotizar. Que lo que aspiraba Carlos Beguerie que la población que llevaría su nombre sea la cabecera de Partido. Y refuerza esta interpretación, el trazado urbanístico de la ciudad, que evidencia la mano de algún urbanista y la pretensión de una población de importancia. Los detalles urbanísticos de Carlos Beguerie, son irrepetibles en los pueblos de La Pampa Húmeda y el monumento a Beguerie, que desde 1936, confirman la vocación pionera del fundador.

Y así a partir de 1912 hasta comienzos de la década del sesenta. La vida comenzó a discurrir en torno a la estación. Junto al portento de telégrafo, los pobladores de Carlos Beguerie participaban en distinto modo e intensidad de la operación de sofisticadas tecnologías como las implícitas en las maquinas de vapor de marca Nohab, de procedencia sueca, construidas especialmente para este emprendimientos y luego en la década del 30 el transito de coches motores suizos de ultima generación. Podría decirse que Carlos Beguerie, es una suerte de ejemplo de la provincia y el país que estaba en el imaginario de los llamados “conservadores” de la provincia de Buenos Aires. Asociemos a Marcelino Ugarte a las vaporeras suecas y a Fresco a los coches motores suizos.

En torno a esos artilugios técnicos y devaneos urbanísticos, comenzaron a desplegarse parábolas vitales que dieron vida a la población. Allí es donde la Gran Historia, se humaniza en las “petits histoires”, que rehuyen los libros, pero que se consolidan en la tradición oral...Imaginemos las existencias que devinieron entre 1912 y 1961, y algún tiempo inercial adicional. Imaginemos los tiempos del movimiento intenso de las llegadas y partidas de trenes. Del galpón de maquinas. Y de todo el manantial de cultura que irradiaba una estación ferroviaria en funcionamiento.

Claro los intereses del automotor y de su complemento del camino pavimentando, sazonado por las irregularidades institucionales del país, entendían de otros lenguajes menos romanticos. Por suerte... si, por suerte, Carlos Beguerie quedó fuera de los alcances del camino pavimentado y sus nocivos efectos ( Aunque es seguro que todavía haya gente que seria una gran cosa que se pavimente n los accesos a las rutas 3 y 205)-

Vaya a saber que suerte de hechizo ha hecho que visitara varias veces Beguerie en los últimos años y recorriera sus calles en búsqueda, tal vez de  los fantasmas de aquellos tiempos de esplendor, que aunque hayan pasado y no puedan volver, dar un acanto peculiar al espíritu.

Pero ese tiempo no fue en vano. El espíritu pionero de Beguerie, quedó plasmado en un trazo urbano. No sé si volverá el ferrocarril. Pero cumplió su objetivo poblador en su tiempo. Ha dejado un asentamiento humano con un potencial de calidad de vida, que ya se percibe, que algunos han empezado a disfrutar. Intuimos que otros mas se irán acercando sin prisa sin pausa a esa convocatoria que formulo Beguerie cuando sin darse cuenta estaba por terminar la “belle epoque” en el mundo y en las pampas argentinas.

(Buenos Aires, 19 de diciembre de 2005)